Vocación regional

El departamento y las áreas de Risaralda, Quindío y Cauca anexas al valle geográfico del río Cauca tienen cuatro ámbitos para desarrollar sus capacidades. Es evidente ser vínculo para Colombia con la cuenca del Pacífico, epicentro de la economía mundial. Buenaventura debe ser polo para la población afrocolombiana de la región pacífica, de la cual solo tiene vocación agrícola el municipio de Tumaco en el sur; el resto no es adecuado para la vida humana, y debe ser santuario ecológico.

Persuadir a sus habitantes para irse al puerto implica proveer varios elementos: infraestructura; educación multicultural con robustecimiento de la tradición regional y, al tiempo, apertura a las lenguas inglesa y mandarín; movilización de inversión extranjera directa para aprovechar los tratados de libre comercio, con fase inicial de flexibilidad laboral bajo las reglas de la Organización Mundial de Comercio; ejercicio del monopolio del poder coercitivo por el Estado. El foco no debe ser el puerto sino la ciudad: su vocación portuaria solo será importante más allá de la producción local, hoy inexistente, cuando Colombia se inserte en la economía mundial con cadenas de valor de cierta escala.

El segundo es volver a Cali núcleo de construcción de conocimiento: toda ciudad de tres millones de habitantes en el mundo hoy debe impulsar su sistema universitario para ofrecer espacio idóneo al talento de la región ampliada.

El tercero es la agricultura con aprovechamiento integral de la energía: requiere, por supuesto, gobierno colombiano que entienda las reglas prevalentes en la agricultura mundial, plagadas de subsidios y protecciones en la Unión Europea, EE.UU., China e India, y dispuesto a permitir el uso ordenado de instalaciones para la destilación de los jugos de azúcar para la química del alcohol y el aprovechamiento del bagazo como materia prima, de manera concertada entre todas las unidades productoras de azúcar bajo reglas propias para mercados imperfectos; debe haber diversidad de cultivos con algodón de fibra larga se podría hilar, tejer y confeccionar y aprovechar las destrezas regionales en diseño; en contraste, el Valle, de luminosidad limitada por su orientación norte – sur, no parece tener ventajas para la producción de gramíneas.

El cuarto es la atención a necesidades de residencia de la cuarta edad de latitudes septentrionales, para aprovechar el clima maravilloso, regalo de los dioses, en las zonas sin vocación agrícola, y la posibilidad de ofrecer servicios de salud y recreación en condiciones competitivas por muchos años.

Salir de la mediocridad requiere reflexión rigurosa y acuerdos con Colombia: si el país no hace el esfuerzo que le correspondería, cabría optar por la independencia. Se necesita seguridad, justicia, reglas para la gestión de la educación consistentes con las posibilidades, y compromiso con los objetivos. De lo contrario, no agregaría valor; pese a la jactancia nacional sobre la estabilidad macroeconómica del país comparada con otros de Latinoamérica, la campaña política en curso ha puesto en evidencia la fragilidad de esos logros, y el sistema fiscal de Colombia es muy ineficiente. Se podría adoptar el dólar o el euro como moneda de libre curso.

Lo que parece delirio puede ser solución: en el mundo futuro, con comunidades multiculturales y complejas instancias de competencia y cooperación, caben diversos caminos a la prosperidad.

Columna recuperada de El País

Foto de Pixabay

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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