Vecinos

«(…)La otra lección de la prueba que trajo el paro nacional, es la prudencia en el manejo de la información recibida a través de redes sociales (…) redes que aprovechan politiqueros ambiciosos del poder a como de lugar.»

Si bien la globalización con el internet y las comunicaciones es el fenómeno imperante y pareciera no importar el lugar donde estemos, ello no es así. El estar ahí, situado en un lugar o espacio, sigue siendo en lo orgánico y social el principio de la apertura de sí mismo al mundo. La casa, el barrio y la vecindad son los primeros espacios para el encuentro con los otros y la convivencia en las ciudades. Las ciudades se erigieron como refugio y estabilidad aún a pesar de sus asperezas y complejidades. Se dice que la ciudad es herencia de Caín. Según el Génesis, tras haber sido expulsado del Edén y ante la condena del destierro Caín construye la primera ciudad para albergarse (Gen. 4.16-17).

Las ciudades se tornan en caja de resonancia de las deudas históricas y actuales para con sus ciudadanos y ponen en evidencia las falencias o avances en materia de educación cívica y política.  Las primeras voces y temores provienen del núcleo familiar – célula primaria de la sociedad – y su comunidad, por su natural anhelo de estabilidad y protección al amparo de sus viviendas y barrios. La contigüidad de los ciudadanos en su barrio o conjunto residencial fortalece en ellos la apropiación afectiva del lugar y la solidaridad. Nadie más que los vecinos están presentes en el justo momento cuando sobreviene una emergencia en el hogar o en el barrio.

Se entiende entonces que vecinos de unidades residenciales en algunas ciudades, se concentraran y permanecieran vigilantes ante las alarmas que cundieron por redes sociales sobre eventuales actos vandálicos en sus lugares de residencia, aprovechando el reciente paro nacional. Cualquiera que fuere el origen de las alarmas, cada quien como dicen, es dueño de sus propios miedos, más aún ante las imágenes de destrucción por la acción de nutridos grupos de vándalos en lugares públicos y en el comercio.

El contacto con familiares y amigos a través de chats, no logra la presencia e inmediatez que tienen los vecinos. Entre comunidades que tuvieron en el pasado los mayores infortunios de la historia, hay conciencia de que fueron sus vecinos quienes estuvieron prestos a dar su rápido apoyo ante una calamidad. De esa cercanía, buscada o no, surge la solidaridad en momentos críticos, aún cuando se presenten excepciones.

Según reciente encuesta el mayor índice de confianza de la ciudadanía está en los vecinos;  el diario el País del 19 de Julio de 2019 la registró así: “En quién confía usted como caleños?, ¿en el Gobierno?, ¿La iglesia?, los jueces y fiscales? Una encuesta del Instrumento de Medición de la Reconciliación (IMR), del programa de Alianzas Para la Reconciliación (Usaid), reveló que el grupo poblacional en que más confían los caleños son sus vecinos (..) De hecho a la pregunta: ¿Cree que las personas de su barrio estarían dispuestos a ayudar cuando uno de sus vecinos tiene una emergencia?, el 87% de los encuestados en Cali dijo que sí”.

Quienes manifestaron sus múltiples inconformidades de forma pacífica y con sentido de pertenencia de la ciudad contribuyeron a la limpieza de sus muros y calles, sin duda dieron ejemplo de buenos vecinos. Cuánto bien e influencia pueden tener o tienen en sus barrios y vecindades las personas que con ejemplo y acciones eduquen. Las autoridades, ciudadanos y vecinos tendrán que optimizar medidas para superar la marginalidad social, aprovechar los recursos tecnológicos en función de la seguridad y crear conciencia de que de ningún modo, puede acudirse a la justicia por propia mano.

La otra lección de la prueba que trajo el paro nacional, es la prudencia en el manejo de la información recibida a través de redes sociales que a todos nos envuelve y desconcierta, redes que aprovechan politiqueros ambiciosos del poder a como de lugar. Quizás sean los mismos actores que soterradamente incitan o adoctrinan a vándalos para acentuar la crisis y desestabilizar un país, sin importarles el perjuicio que causan especialmente a las clases más desfavorecidas. En cualquier caso, la esperanza es que por el bien de todos, las manifestaciones pacíficas y las partes en las conversaciones que se adelantarán se escuchen mutuamente como buenos vecinos, sean racionales y cuenten con información y análisis serios sobre los múltiples temas a abordar.

Imagen:https://bit.ly/2L1UkUx

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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