Resistencia y monumentos

Puerto Rellena, el cruce de caminos ubicado al oriente Cali, fue escenario de movilizaciones, vandalismo y bloqueos durante los dos meses del paro. La ocupación continuada trajo dos novedades: la zona la llamaron Puerto Resistencia y en ella fue levantada la escultura de un inmenso puño cerrado, el cual sin querer queriendo exalta el conflicto urbano, la radicalización y la confrontación.

Que se cambie el nombre de Puerto Rellena a Puerto Resistencia es cuestión que celebro. Como alguien lo mencionara la rellena es una vianda de aspecto inquietante. Se trata de comida sanguinolenta empacada en el tubo por donde fluyen las eses del cerdo. Aunque su preparación cambie en cada país y se la llame morcilla, boudin noire, blood sausage, sanguinaccio o haggis, siempre será una parte innoble de la anatomía animal.

Lo importante, sin embargo, es que el nuevo nombre del lugar honraría la disposición de los habitantes de Cali: seguimos resistiendo, poniéndole el pecho a la situación, contrariando las desventuras, deseosos de participar en la reconstrucción de la ciudad. Estamos determinados a propiciar una sociedad equitativa e incluyente en la cual los desvalidos puedan tener esperanza, y los jóvenes accedan a educación de calidad y empleos dignos.

El himno caleño por estos días podría ser Resistiré, la hermosa canción interpretada por el Dúo Dinámico a finales de los 80 y relanzada el año pasado, cuando en España arreciaba el Covid. Según se dice sus autores partieron de una frase de Camilo José Cela al escribir la letra: “Resistiré, erguido frente a todo/me volveré de hierro para endurecer la piel/ Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte/soy como el junco que se dobla/pero siempre sigue en pie. Resistiré para seguir viviendo/soportaré los golpes y jamás me rendiré/ aunque los sueños se me rompan en pedazos/ Resistiré, resistiré”.

Si bien el cambio de nombre del ‘puerto’ puede celebrarse, no sucede lo mismo con la escultura erigida allí. Según se dice el puño cerrado busca honrar a quienes encontraron la muerte por la acción de fuerzas policiales que en algunos casos se excedieron. Pero la obra no representa a esa mayoría de caleños pacífica, laboriosa, que también puso varios muertos a consecuencia de los bloqueos ilegales y ha resistido la falta de alimentos, las aglomeraciones amenazantes, la destrucción del transporte público, la imposibilidad llegar a una clínica por una emergencia vital o al trabajo para obtener sustento.

Cali necesita un monumento a la resistencia porque ese elemento está en su ADN desde que la villa original sufrió el embate de los antiguos aborígenes y sus gentes debieron aguantar, resistir. Pero si se quiere que la expresión sea representativa, sobreviva en el tiempo, trascienda el hervor emocional pasajero y las preferencias ideológicas de ciertos funcionarios, sus características deben ser producto de una reflexión colectiva.

Los jóvenes de la primera línea tendrán mucho que aportar, al igual que los artistas; sin embargo, es necesario escuchar a los vecinos como a la ciudadanía en general. Y debe quedar claro que el concepto de resistencia es complejo, no es sinónimo de rabia o ira. Puede significar rechazo y también capacidad de tolerar, incluso paciencia. La que han tenido dos millones y medio de habitantes ante el intento de destruirles su ciudad.

Columna recuperada del Diario El País
Foto de AFP

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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