Juventud manipulada por el paro

La indignación de los jóvenes en los tiempos actuales debe ser entendida. Las condiciones imperantes los han ido sumiendo en un mar de angustia que poco a poco se ha transformado en desespero. Para quienes pertenecen a los sectores populares la educación universitaria de calidad es un sueño difícil de alcanzar y para todos los habitantes, incluyendo a quienes lograron hacerse profesionales, obtener empleo digno es un desafío descomunal.

La clase política responsable de tramitar aquellos reclamos, corroída en buena parte por la corrupción y las agendas personales, ha sido indiferente. También han hecho oídos sordos las llamadas fuerzas ciudadanas. En esa indiferencia incurrieron gremios y no pocas organizaciones empresariales. Estas consideraron erradamente que su responsabilidad social se agotaba en las vecindades de sus instalaciones productivas.

Peor aún, muchos hombres de negocios sin pensar en los intereses de la sociedad cayeron en la tentación de plegarse, de apoyar politiqueros siniestros pensando tan solo en la conveniencia personal o en salvar el pellejo. Incluso no han faltado los que ajenos a la coherencia y con cierto oportunismo, alegan el extraño deseo de “contribuir a fortalecer la democracia” para repartir ayudas entre candidatos de ideologías contrapuestas.

Tres aspectos tendrían que solucionarse si se quiere que las aspiraciones de los jóvenes sean satisfechas. Me refiero al acceso expedito a la universidad, las oportunidades de empleo y el destierro de la corrupción política. Pero la gran tragedia de la juventud inconforme, aquella que sale a protestar y es carne de cañón en los bloqueos, consiste en que sus intereses son antagónicos a los del paro, al menos en los aspectos mencionados. En otras palabras, la coincidencia entre los impulsores de ese movimiento y el estudiantil no va más allá de la oposición al gobierno y a una institucionalidad lenta para proveer soluciones.

A los del paro hay que reconocerles que habilidosamente construyeron y promovieron una narrativa atrayente sobre las causas de la situación, y los ríos de leche y miel que aguardan en el paraíso socialista. También se debe registrar que han sido capaces de vender el cuento de su hipotético compromiso con los sueños juveniles.

Los jóvenes con razón exigen acceso fácil a la universidad, pero tienen que darse cuenta que esto será imposible si los sindicatos del sector educativo dan mayor importancia a la ideología que a los contenidos, siguen oponiéndose al uso de sistemas rigurosos de evaluación docente, y dejan que la formación básica continúe caracterizada por la mediocridad.

Los jóvenes reclaman con toda justicia la creación de empleos dignos, pero tienen que darse cuenta que los poderosos actores del paro tan solo son movidos por el deseo de ampliar sus propios beneficios y garantías. Por eso son contrarios a las reformas que allanen, hagan menos costosa, la creación de puestos para esa mitad de Colombia que está desempleada y desvalida.

Los jóvenes piden que cambie el mundo de la política para que se destierren la corrupción y el odio, pero tienen que darse cuenta que los politiqueros emergentes manchados de pugnacidad y populismo, junto a buena parte de la politiquería tradicional podrida, los están convirtiendo en fichas manipulables al servicios de sus obscuros designios.

 

Columna recuperada del Diario El País de Cali
Foto de:  www.pares.com.co

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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