El líder que necesitamos no es Petro

Se está anunciando como si fuera un gran descubrimiento, algo que sabíamos: Petro les lleva ventaja a sus oponentes en la carrera por la presidencia. A pesar de las inconsistencias de su mensaje, de su evidente autoritarismo, de su pasado sombrío, de su verbo incendiario la aceptación de su nombre crece. A su favor tiene el covid, el deterioro de los indicadores sociales, la persistente incapacidad del Estado para responder a los reclamos de la población, la desesperanza creciente. Pero no todo es suerte y su estrategia reclama un análisis detenido.

Lo primero es que Petro siempre se lanza dos o tres años antes que sus contendores. En la carrera contra Duque aprovechó la consulta interna de la izquierda para madrugar a impulsar una agresiva campaña publicitaria, recorrer el país y aparecer en los órganos noticiosos.

Cuando los otros partidos dieron a conocer sus aspirantes, el supuesto precandidato estaba ubicado con firmeza en la recordación de la gente. Esa historia ahora se repite. Como se siente por encima de la ley anda en plena campaña lectoral, y poco le importa que todavía no haya llegado el tiempo permitido para el proselitismo.

En segundo término, Petro tiene ideas delirantes como aquella de poner a funcionar la máquina de hacer billetes para eliminar la pobreza, o la de acabar la propiedad privada empresarial en el ámbito rural para disminuir la marginalidad campesina. Pero son propuestas capaces de mover a millones de compatriotas necesitados, quienes carecen de criterio para evaluar los discursos demagógicos del populismo.

En tercer lugar, Petro presenta una historia nacional alternativa, apartada de la verdad pero fácil de vender. En esa visión quienes construyeron país, hicieron empresa, gestaron oportunidades de empleo y progreso son plutócratas expoliadores que deben erradicarse. Mientras tanto el conjunto de subversivos, traficantes y enemigos de la propiedad ajena, serían apenas la expresión de fenómenos sociales creados por las fuerzas perversas e insensibles del mercado.

Aparte de lo mencionado Petro es inteligente y de verbo fácil, no rehúye el debate y plantea sin recato su narrativa de inexactitudes y verdades a medias. Sabe que de tanto repetir su rollo habrá de calar, será asumido como verdadero. Entiende que eso es posible en un país sin memoria colectiva, donde hace cuarenta años se permitieron el despropósito de eliminar el estudio de Historia en los currículos escolares.

Petro también conoce que sus arengas y especulaciones serán acogidos, incluso multiplicados por ciertos medios ávidos de sensacionalismo y rating, a los cuales poco o nada interesa el destino del país.

En contraste con el capitalismo de Estado corruptor y antidemocrático que pregona este personaje, Colombia requiere una revolución sí, pero para liberar sus fuerzas productivas. Necesitamos que sea fácil crear empresas y empleos; que el Estado sea aliado de una iniciativa privada consciente de sus responsabilidades sociales; que la fuerza emprendedora de todo un pueblo encuentre condiciones propicias para manifestarse; que la gestación de oportunidades laborales deje de tener barreras infranqueables. Necesitamos unos políticos leales con los ciudadanos, radicalmente honestos en el pensamiento y la palabra. Necesitamos un líder que busque lo mejor para todos, y ese no es Petro.

 

Columna recuperada del Diario El País
Foto por Revista Semana 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

Deja un Comentario