Democracia en riesgo

Hace algunos años apareció en Estados Unidos un libro titulado ‘The Great Divide’ o ‘La gran división. Sus autores fueron varios analistas entre los que se destacaba el empresario y académico John Sperling. Es texto aludía a que en ese país están contenidas dos naciones distintas y contrapuestas. Una denominada Metro América: liberal, urbana y afecta al Partido Demócrata. La otra rural y tradicionalista llamada Retro América, históricamente ligada al Partido Republicano. Según la tesis expuesta los partidos existentes allá no tendrían carácter integrador, ni nacional.

Cuando salió la publicación los estados Metro asentados en las costas Este y Oeste y en los grandes lagos, aportaban más del 70% de los tributos federales y aunque contaban con el 65% de la población tenían un número de senadores igual al de los tradicionalistas estados Retro. La situación evolucionaría con los años y hoy los republicanos son mayoría en el senado.

Fue en esa sociedad fragmentada hasta los tuétanos; indiferente a las necesidades de sectores que ni siquiera cuentan con un seguro médico; amenazada por profundas tensiones raciales, donde Donald Trump vio la oportunidad de hacerse al poder y, eventualmente, amarrarse a él. La cuestión se volvió compleja con el paso del tiempo, el presidente elegido y sus contendores no cesarían de agredirse. Como consecuencia el ambiente político se ha cargado de veneno y se hace evidente que la confrontación electoral venidera será turbulenta, sin reglas de juego.

Más allá de los adjetivos altisonantes lo que verdaderamente preocupa del mandatario norteamericano son las señales de desconocimiento que emite con relación a la institucionalidad, así como su pobre concepto de la democracia. Hablamos de una condición que se ha asomado a lo largo del mandato actual y que de continuar en la etapa de transición del poder tendría consecuencias funestas.

La única esperanza es que el sistema estadounidense posee un entramado de contrapesos, de poderes repartidos que se basan en valores arraigados y actúan como moduladores, propiciando la sindéresis, el predominio de la ley. De esta manera cuando el presidente quiso que el ejército enfrentara a quienes protestaban contra la brutalidad policial, lo cual fortalecía su imagen ante la derecha radicalizada, se produjo una reacción en contra de la idea por parte de los militares. Influyentes generales retirados como Mike Mullen y John Allen dejaron conocer sus descuerdo. Incluso el general y exsecretario de defensa James Mattis llegó a calificar al mandatario como “peligro para la democracia”, mientras el Pentágono marcó distancia frente la idea.

Pero ahora desde la Casa Blanca surgen nuevas sombras. Cuando era favorecido por las encuestas Trump había descartado de plano el aplazamiento de las elecciones, sin embargo, la semana pasada ante los sondeos adversos dijo sin pruebas que los próximos comicios serán fraudulentos y sugirió posponerlos. Esta vez quienes salieron al paso para atajarlo fueron algunos de sus copartidarios del senado como Mitch McConnel y Marco Rubio.

Conociendo a Trump es previsible que no se dé por vencido. Volverá a la carga buscando trastocar el calendario electoral y condiciones favorables en los comicios. Pobre democracia gringa, podría terminar con gobernantes eternos junto a Rusia, Nicaragua, Venezuela y Uganda.

Imagen: https://nyti.ms/2PtVnhI

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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