Convergencia de fuerzas

La perturbación a la movilidad en el país no es solo producto de la natural expresión de inconformidad, a raíz del empobrecimiento y la escasa perspectiva que la ciudadanía percibe: es grave la destrucción de futuro por personas con propósitos malignos, bajo la premisa de que la acumulación de contradicciones en el sistema social aceleraría la caída del régimen y facilitaría el acceso de terceros, cuyo objetivo verdadero es la conquista del poder.

Esta realidad, difícil de creer porque tiene aroma de conspiración, puede obedecer al deseo de los empresarios del narcotráfico de debilitar las instituciones e incluso, como hicieron hace un par de décadas, escindir el suroccidente para establecer en esta región una narcocracia.

El diseño de la operación ha sido imaginativo: cuando se desbloquea un sitio se bloquea otro, y el Estado va de lugar en lugar sin lograr la plena movilidad. Al caos contribuye la timidez del Gobierno central, incapaz de reconocer de manera oportuna la necesidad de defender el derecho a la libre circulación de los asociados.

Convergen diversos grupos con propósitos diferentes, unidos solo por esa antipatía básica.

El problema de falta de oportunidades afecta en particular a los jóvenes cuya tasa de desempleo dobla el promedio nacional, y sobre todo a las mujeres jóvenes. Este es problema mundial, asociado a la conjunción de globalización, sustitución tecnológica y cambios de valores. En el caso de Colombia se acentúa por la baja productividad, incluso en el contexto de Latinoamérica, región muy desigual con sobrecosto para el trabajo formal por la legislación laboral formulada bajo el marco de economías protegidas.

Las cadenas productivas también acusan problemas por ausencia de Estado en la periferia. La desesperación mueve a la inconformidad. Sustituir la coca sería más fácil si hubiera seguridad, educación, vías terciarias y paquete tecnológico. El valor agregado en la agroindustria es mayor que el costo de hacer la tarea pública, pero requiere estrategia: cada cadena requiere diferente papel del Estado.

Hay mucha gente con dificultades económicas como consecuencia de la contracción del Producto Interno Bruto (PIB) en 2020, y esa situación se va a acentuar en 2021 a raíz de las perturbaciones.

También hay personas con propósitos poco constructivos, como se ha señalado. Con esas personas no se puede contar pero hay que tenerlas presentes.

La situación de la región no podría ser más grave. Es preciso que los líderes de los sectores público y privado reconozcan la realidad y aprendan a trabajar juntos, sin propósitos mezquinos. El Alcalde de Cali se equivocó al comenzar las perturbaciones, pero el paso de las circunstancias, de castaño a oscuro, lo moverá hacia la defensa de la libertad de flujo.

Por encima de todo, es importante que el Gobierno central incorpore a la suma de todos los ciudadanos en su estrategia, para fortalecer su posición negociadora y abrir la imaginación a soluciones diversas, que pueden incluir, como ha ocurrido en Chile, repensar el Estado para que sea menos ineficaz y más bien aporte al crecimiento sostenido, reducción de la desigualdad y sea vehículo de verdadera paz.

 

Columna recuperada del Diario El País
Foto de Anete Lusina

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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