Cómo y cuándo relanzar la actividad económica en Colombia

Cuatro meses después de su aparición en China, el Covid-19 ha conseguido paralizar la economía mundial y el número de contagios y desenlaces fatales no ha cesado de crecer. Colombia ya supera los 2.850 casos y su economía se detiene en medio de las medidas de cuarentena decretadas por el gobierno y extendidas hasta el 27 de abril.

¿Cuándo relajar las medidas de aislamiento?, y ¿con qué intensidad hacerlo? son las dos preguntas más importantes que nuestros líderes se están formulando. Recordar que las cosas no tienen por qué ser blanco o negro es la mejor manera de aproximarse al reto del retorno a las actividades económicas tras la fase de aislamiento preventivo.

El Covid-19  ha mostrado su severidad, que más allá de su alta tasa de mortalidad y de su alta tasa de contagio, esta se expresa en la rapidez con la que se propaga. En la medida en que aún no existe una vacuna que pueda detenerlo, la prioridad se ha puesto en conseguir que los centros hospitalarios puedan realizar su misión de sanar a los enfermos evitando una situación de colapso que lleve a los médicos a tener que escoger a qué pacientes suministrarles atención y a quiénes dejar en agonía como ha ocurrido ya en muchos lugares del mundo.

Algunos países, incluida Colombia, han mostrado que ciertas estrategias son eficaces para desacelerar la propagación del coronavirus, en algo que técnicamente ahora conocemos como aplanar la curva de contagio. La temprana reacción del gobierno Duque, impulsada por muchos mandatarios locales ha logrado evitar que Colombia llegue a este punto tan inhumano. Igualmente, el compromiso de la mayoría de nuestros compatriotas que han respetado las medidas, ha permitido ganar tiempo invaluable para ajustar el sistema de salud colombiano a las necesidades de un entorno de crisis sanitaria sin precedentes.

Si bien es cierto que el riesgo de un colapso súbito de las salas de cuidados intensivos sigue siendo alto, también es cierto que clínicas y hospitales se encuentran mejor preparados en estos momentos. En ciudades como Cali, se han puesto en funcionamiento de forma acelerada dos clínicas que habían suspendido sus servicios por razones financieras. Procesos similares, han ido ocurriendo en más ciudades del país.

Igualmente, la producción mundial de respiradores, máscaras, desinfectantes y suministros médicos se ha incrementado y con ello la posibilidad de abastecerse a tiempo de estos insumos cruciales. También, se han descubierto nuevas pistas sobre tratamientos eficaces para detener su avance hasta niveles críticos como es el caso de la administración bajo supervisión médica de hydroxychloroquine, una droga ampliamente conocida en la lucha contra la malaria y que parce también funcionar frente el coronavirus, aunque las pruebas sobre su efectividad no sean aún definitivas[1].

Pero no todo el mundo ve en estos hechos signos esperanzadores. Días atrás, las declaraciones de algunos líderes políticos[2] sugiriendo un frenazo total de las actividades económicas por tres meses para minimizar el avance de la enfermedad fueron duramente criticadas por reconocidos economistas y líderes de instituciones gremiales[3].

El mensaje de, todo el mundo guardado en su casita, suele ser altamente popular, pues cala en la necesidad de protección frente a la enfermedad que todos necesitamos escuchar. Nadie quiere ser el villano que sugiera que la realidad es que si la actividad económica se frena por tanto tiempo, la gente probablemente no se enfermará de coronavirus sino de pobreza y con ello de hambre, desnutrición y depresión, enfermedades que probablemente pasen una factura mucho mayor a la del Covid-19. Los economistas tenemos el deber de poner las cosas en contexto y de contribuir a formular las políticas que permitan maximizar el bienestar social, incluso en situaciones donde maximizarlo implique que de todos modos la sociedad estará en una situación peor con respecto a su estado inicial.

Lo cierto, es que ninguna sociedad puede darse el lujo de parar por más de 40 días su actividad productiva. No pueden hacerlo, ni las más ricas como la norteamericana o las europeas que cuentan con mecanismos de transferencias públicas que pueden llegar a casi la totalidad de su población, ni las que carecen de estos esquemas o que apenas los pueden desplegar parcialmente como Colombia donde la informalidad laboral ronda el 60%[4].  El trabajo virtual es una opción, pero en Colombia solamente uno de cada dos colombianos tiene acceso a un computador en casa, mientras que en las naciones desarrolladas esta cifra suele superar al 80%[5]. Los inventarios se agotan y sin bienes y servicios producidos, no vale de nada poner dinero en las manos de las personas, los precios simplemente se disparan al alza en respuesta a la escasez.

Simplificando bastante las cosas, el buen gobierno de cada alcalde, gobernador y presidente será juzgado no solamente por los números del Covid sino por la factura económica que su administración deje en términos de quiebras, desempleo, pobreza y desigualdad.

No todos los sectores económicos tienen que retomar funciones al mismo tiempo. Las actividades recreativas y de entretenimiento, los restaurantes y el sector turístico podrán requerir más tiempo para normalizarse. Así como el retorno a las clases presenciales en el sector educativo. El apoyo y los subsidios del gobierno a estos sectores serán vitales para su relanzamiento. Por el contrario, algunas actividades industriales y comerciales, así como la agricultura deberán ir calentando motores desde ahora para mantener nuestro tejido productivo vivo y sano.

Las claves para el éxito de la misión de mantener la economía andando mientras se contiene la peor epidemia de nuestros tiempos están dadas: debemos fortalecer la capacidad del sistema de salud para la realización de pruebas de infección por Coronavirus así como para aislar a los pacientes contagiados y brindarle tratamiento efectivo a los casos complicados. Este es un reto para el que todavía tenemos algunos días, pero el tiempo se agota. Entre más capacidades construyamos en este frente en las semanas por venir, y entre más enérgicas las medidas de prevención (distancia entre trabajadores, acceso a baños con jabón, uso de tapa bocas, etc.) que tomen los propietarios de los negocios que recomienzan las labores, menos probable será el regreso con el rabo entre las piernas a un nuevo periodo de aislamiento preventivo frente al riesgo de que colapse la capacidad hospitalaria.

Así las cosas, mantener bien dotado, bien financiado y bien administrado el sistema de salud parece ser la nueva piedra angular para sostener el crecimiento y el desarrollo económico en los años por venir. A esto debemos añadirle, una apuesta reforzada por la construcción de conciencia ciudadana, por la educación y por la formalización de los mercados que permitan sacar el máximo provecho a una economía digital que avanza a pasos agigantados en un mundo que nos muestra que somos capaces de cambiar y adaptarnos ante los grandes retos que enfrentamos.

[1] Denise Grady.  New York Times.  “Malaria Drug Helps Virus Patients Improve, in Small Study”. 1 de abril de 2020.  https://www.nytimes.com/2020/04/01/health/hydroxychloroquine-coronavirus-malaria.html

[2] El tiempo. “Claudia López dice que la cuarentena podría ir hasta junio”. 31 de marzo de 2020. https://www.eltiempo.com/politica/gobierno/claudia-lopez-dice-que-cuarentena-podria-ir-hasta-junio-479006

[3] Revista Dinero. “Un aislamiento de tres meses es simplemente insostenible”.  4 de abril de 2020. https://www.dinero.com/economia/articulo/un-aislamiento-de-tres-meses-es-simplemente-insostenible-mauricio-santamaria/283791

[4] Consejo Privado de Competitividad (2019) Informe Nacional de Competitividad 2019-2020. https://compite.com.co/informe/informe-nacional-de-competitividad-2019-2020/

[5] WTO. World Trade Report 2018. The future of world trade: How digital technologies are transforming global commerce. https://www.wto.org/english/res_e/publications_e/wtr18_e.htm

Imagen: https://bit.ly/2VBGk8D

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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