Arriba y abajo

Ha sido una constante desde la antigüedad la lucha por la supervivencia y el ascenso social a fuerza de ingenio, artificios o atropellos.  De ahí provienen tantos relatos de la vida real o de la ficción que pasan a ser parte de la historia o leyendas de los pueblos y provocan diversos análisis y posiciones políticas.

Por estos días se destaca el thriller sur coreano Parásitos que además de su maestría y méritos reconocidos con cuatro premios Oscar de la Academia de Artes y Cinematografía, deja ver que la cruda realidad de las desigualdades sociales se reitera en cualquier parte del mundo. Las mentiras y la farsa son el recurso de una familia pobre para enquistarse en una familia rica que vive en una residencia de la parte alta de la ciudad, a fin de solventar la falta de empleo de sus integrantes. Se descubre que antes hubo otros haciendo lo mismo. Las condiciones de vida en una vivienda subterránea de la familia pobre que se inunda por la ventana que da a ras de la calle y se llena de mal olor, es un escenario dramático y simbólico como muchos otros en la película. Las situaciones límites y la falta de empatía son propicias para la violencia y la incertidumbre acerca del futuro.

El tema de los necesitados trae a la memoria los recursos a que apelan inquilinos pobres de un edificio en La estrategia del caracol, film colombiano merecedor de importantes premios nacionales e internacionales. La historia es narrada por un culebrero y se desarrolla con humor y creatividad.  Los inquilinos se resisten a ser desalojados de la casa por requerimiento del propietario rico que exige su entrega. De manera ingeniosa se llevan a otra parte todo lo que hay dentro de la casa (baños, paredes, techos, etc.). Si bien triunfan en el objetivo, se sabe por el culebrero que años después, las condiciones de vida y la división de clases en barrios ricos y pobres siguen iguales.

En películas de contenido social lo latente es el problema de las desigualdades que mueven a los desfavorecidos hacia actos que bordean la línea ambigua de lo inmoral o ilegal, lo cual no exime de responsabilidad a quienes en su posición privilegiada son indolentes y han perdido su humanidad. Estas películas finalmente son críticas a una realidad sin únicos culpables, ni villanos por ser ricos, ni inocentes por ser pobres. Es la carga de una realidad compartida entre unos y otros en su mutua dependencia y convivencia, sin ser compatibles. Economistas e intelectuales debaten esta realidad para formular políticas sobre distribución de la riqueza y empleo. Sin embargo, cualquiera que sea el régimen político siempre habrá desigualdades en medio de la necesidad de producir, transformar, vender y consumir, tablero sobre el cual la sociedad se juega su suerte y cada cual sus habilidades, con o sin reglas justas.

Tal es la dinámica que el hombre se ha impuesto desde siempre para bien y para mal, según se mire. Y cuando las noticias sobre el crecimiento de la economía dan un aliento a gobiernos y Naciones, surge el interrogante sobre a quién va a favorecer o a que precio se logrará,  ó  qué tantas desigualdades sociales propiciará. Aún con buenas intenciones, sucede en ocasiones que en el afán desarrollista se pierde de vista los límites frente a la verdadera riqueza depositada en la naturaleza y en sus comunidades, abocando a éstas a  vivir a expensas de otros en las ciudades, como parásitos.

El desalojo en áreas rurales de sus habitantes o nativos para adelantar proyectos que generen negocios e ingresos, recuerda el héroe trágico de Goethe. Fausto no tiene límites y comete su primera maldad con una pareja de ancianos y su pequeña casa, quiere sus tilos, “puesto que esos pocos árboles que se me niegan impiden que mi dominio se extienda a todo el mundo”. En palabras de Marshall Berman en su obra Todo lo sólido se desvanece en el aire, Fausto “Llama a Mefisto y sus hombres poderosos, y les ordena que quiten de en medio a los ancianos. No quiere verlo ni saber los detalles. Lo único que le interesa es el resultado final: quiere ver, a la mañana siguiente, el terreno despejado para que pueda comenzar la nueva construcción. Este es el tipo de mal característicamente moderno: indirecto, impersonal, mediatizado por organizaciones complejas y papeles institucionales.” (p59).

Referencias

Marshall Berman. Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad. Siglo veintiuno editores. 1999

Imagen: https://nyti.ms/2Hx4zhA

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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