A propósito del Acuerdo Nacional

Guardo un cauto optimismo sobre el gobierno que comienza. Veo un Gustavo Petro mucho más consciente del poder facilitador o destructor que pueden tener sus palabras. También encuentro apropiados algunos de los nombramientos y de las iniciativas que se anticipan. Aunque la derecha radical se empeñe en armarles prontuario como comunistas irredentos, resultan esperanzadores los nombramientos de José Antonio Ocampo Gaviria y Álvaro Leyva. Ellos son los colombianos más capacitados para afrontar los difíciles retos en asuntos económicos y en la gestación de una paz integral y duradera.

Respecto del Gran Acuerdo Nacional planteado por el presidente electo, es esencial que la iniciativa esté precedida por un diálogo profundo y sincero para construir confianza entre los antiguos contendores, ahora socios en la acción parlamentaria. Este intercambio riguroso, sistemático, es relevante tras una campaña caracterizada por los agravios durante la cual no dejaron de dispararse insultos estos estos ‘nuevos mejores amigos’.

Los partidos tradicionales que se vincularán al Acuerdo tienen el peligro de que su proceder se interprete como una capitulación ante el nuevo gobierno por intereses burocráticos o contractuales. Tal circunstancia hace indispensable que sus propósitos y las líneas rojas correspondientes queden claramente establecidos.

El Acuerdo Nacional que propicia Gustavo Petro representa una ruta para agilizar las transformaciones aplazadas, pero debe caracterizarse por el ánimo democrático, incluyente, dialogante. De manera adicional en la confección del Acuerdo y en el trabajo legislativo es preciso tener en cuenta ciertos elementos esenciales:

1) Una visión compartida sobre las expectativas y necesidades nacionales con relación a aspectos centrales entre los que se incluyen la vigencia de los derechos y garantías fundamentales; el crecimiento económico con oportunidades y equidad; justicia, paz y seguridad ciudadana; eliminación de la corrupción y del narcotráfico.

2) Una agenda legislativa a partir de proyectos de ley específicos, la cual considere mecanismos orientados a la gestación de consensos durante el trámite en senado y cámara.

3) Una comunicación transparente y abierta de cara a la opinión para que los ciudadano sepan cuales son los compromisos adquiridos por cada una de las partes y puedan actuar como veedores del proceso.

4) Por su parte los movimientos políticos tradicionales que atiendan la invitación a participar en el Acuerdo deben estar conscientes de que la iniciativa demanda formalidades y garantías de parte y parte. De no ser así el Gobierno podría valerse de cualquier motivo para dar por terminado el proceso, adjudicarles la responsabilidad y meternos en el camino incierto de la constituyente.

Sería conveniente que Petro y sus asesores tuvieran en cuenta la experiencia del Pacto por México que protagonizó el presidente Enrique Peña Nieto junto a los partidos dominantes de la nación azteca. La iniciativa posibilitó reformas estructurales de sectores tan relevantes como el educativo, el energético, el financiero y el de las telecomunicaciones. Aunque a la larga el gobierno de Peña Nieto se convirtió en un remolino de corrupción y despilfarro arrastrando al pacto, la manera como este se concibió y estructuró inicialmente constituye un buen referente.

Columna recuperada de El País
Foto de Artem Podrez 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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