¿Y el Concejo de Cali qué? Análisis de los últimos 20 años

¿Qué es el concejo? ¿Para qué sirve? La mayoría de personas no saben, la respuesta más común es que el concejo es donde se reparten los contratos y es el que dice quién trabaja y en dónde, hablando de las secretarías y departamentos administrativos del municipio.

Una respuesta simple es que el concejo es la mesa directiva de la ciudad y está conformada por concejales que son los que ejercen control político, aprueban el plan de desarrollo del alcalde de turno, aprueban el presupuesto anual del municipio y presentan y aprueban proyectos de acuerdo, que son los actos jurídicos normativos de carácter municipal. Un concejal no es un empleado público,  sino que es un servidor público que ni siquiera tiene salario, recibe honorarios por asistencia a plenaria y en promedio se puede ganar 3.5 millones de pesos al mes. Sin embargo, el poder del concejal en la práctica es altísimo, porque al aprobar el plan de desarrollo y los presupuestos anuales, tiene la última palabra en darle el visto bueno y en cómo hacerlo a todo lo que desde la alcaldía proponen, por eso es usual ver cómo un servidor que se va a ganar tan poco dinero al mes, hace campaña que puede costar cientos o hasta miles de millones de pesos, claro, porque cuando llegue a su curul va a cuadrar caja.

Este escrito no es para mal hablar de los honorables concejales o para especular sobre sus actuaciones non sanctas, mas bien, es para divulgar una investigación que hice el año pasado sobre el concejo de Santiago de Cali en el período comprendido entre 1998 y 2018 en la cual leí y analicé 438 acuerdos, la metodología usada fue histórica y gracias al análisis hecho encontré explicación a varios problemas de la ciudad, específicamente los problemas de las últimas dos décadas. El papel del concejo ha sido muy pobre, simplemente ha sido un notario para el alcalde de turno y no encontré una visión de ciudad que partiera de la corporación y ni qué hablar del control político, si el concejo de Cali, por lo menos en los últimos veinte años hubiera ejercido un mínimo de control político, creo que estaríamos en condiciones diferentes a las actuales.

Sin duda alguna, los dos problemas más graves de Cali desde 1998 son el MIO y las Megaobras, problemas que abordaré a lo largo de esta columna, sin embargo, expondré otros problemas que encontré en mi investigación.

En 1998 ya había financiación para construir la primera fase del tren ligero, se habían aprobado U$219.903.000, que hoy serían U$342.510.163, equivalentes, en la actualidad a $1.190.822.209.210, es decir, casi 1.2 billones de pesos. Para no perdernos con los números, el tren ligero ya estaba financiado en 1998 y solo se necesitaba voluntad política para construirlo. En el mismo año de 1998 se creó METROCALI, la empresita que maneja el MIO y ¿Por qué se llama METROCALI? Porque iba a administrar el metro, sí el METRO de Cali. En el 2000 hacen una jugadita, como las del honorable ex presidente del Senado Ernesto Macías, suprimieron la dirección de control disciplinario de la alcaldía, claro, dos años después la tuvieron que volver a crear ¿Qué habrá pasado en esos dos años? Seguramente muchas cosas, entre ellas cambiarle la naturaleza al metro y convertirlo en el pésimo sistema de buses que hoy conocemos. En el 2004 el concejo de Cali aprobó el recaudo de servicios públicos a manos de privados ¿Se acuerdan de SICALI? En el año 2006 se desarrolló el concepto de valorización por beneficio general, la valorización que años después nos ha generado tantos dolores de cabeza. En el 2008 se crearon los dolores de cabeza para tantos contribuyentes, las 21 megaobras. En el 2013 se aprobaron más vigencias futuras para seguir financiando las 21 megaobras, es que qué pecado, la platica no les alcanzó. En el 2016 se aprobó un empréstito por 360 mil millones de pesos que nos deja endeudados quién sabe hasta cuándo. Hay otros acuerdos que son un saludo a la bandera, la creación de los consejos de paz, de juventud; las políticas públicas para las personas con discapacidad, para la población afrodescendiente, etc.

Después del análisis me empiezo a preguntar: ¿Dónde estuvo el concejo cuando debió ejercer control político ante tantas irregularidades? ¿Qué posición tuvo cuando cambiaron el proyecto del metro al de los buses? Y cuando se empezó la construcción del MIO ¿Por qué no dijo nada cuando empezaron a construir por el occidente y el sur, cuando se debió empezar por el oriente? ¿Por qué aprobó el plan de las megaobras que no tenían los estudios previos completos? Las respuestas son evidentes y las malas decisiones o las no decisiones nos acarrean las perores consecuencias. En papel, los 45 frentes de obras de las megaobras costaban 1.2 billones de pesos y tan solo la primera fase costó 1.4 billones, ¡Ah! Y el mismo concejo aprobó y exhortó que todas las obras debían empezar a construirse en el 2011 como plazo máximo, es decir, en la alcaldía del respetadísimo doctor Jorge Iván Ospina debían empezarse todas las obras. 11 años después, de las 21 obras, solo han entregado 8 y el lastre lo siguen pagando los contribuyentes porque son 25 mil los predios embargados y 85 mil los predios con cobros coactivos, dichos predios no se pueden vender, hipotecar o permutar ¿Y las obras? Probablemente esperando a que su progenitor se invente otra valorización para terminarlas, como nos encantan los políticos que roben, pero que hagan…

Y 21 años después Cali sigue sin metro, cuando ya se tenía el dinero para su construcción, las secuelas son todas, un caos vehicular en toda la ciudad, como el plan de transporte masivo no empezó por donde se debía, la gente de oriente migró a la moto y al transporte pirata por mera necesidad.

El concejo de Cali ha tenido miembros casi vitalicios y uno se pregunta ¿Qué han hecho por la ciudad? ¿Qué ha hecho Clementina Vélez, Carlos Pinilla Malo o Fernando Tamayo, por nombrar unos pocos? Vivimos quejándonos por la inseguridad y desde el concejo ¿Quién ha propuesto atacar las causas de base de los problemas estructurales de la sociedad caleña? En los veinte años estudiados no encontré ninguna construcción de una biblioteca que partiera desde el concejo, Cali hoy cuenta con 2.1 bibliotecas por cada 100.000 mil habitantes, Eslovaquia es el país con más bibliotecas por cada 100.000 habitantes, tiene 1.200.

Es obligatorio atreverse a votar diferente. La propuesta de Michel Maya y su lista cívica de unión al concejo por el partido Alianza Social Independiente, ASI es un paso inicial, 19 candidatos sin vínculos políticos pero con toda la convicción  del verdadero servicio público y que se piensan una ciudad del siglo 21.

Ya supimos qué nos pasa cuando votamos por los mismos corruptos, los resultados hablan por sí mismos, el cambio está en su voto.

Imagen: https://bit.ly/2AYxyYj

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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