Vivimos con un ojo tapado

Movimiento de cambio

En este momento donde se están aprobando presupuestos para una u otra obra, me pregunto, si existe una partida generosa para atender a los cientos de seres humanos que deambulan por las calles, sin lo mínimo necesario para su alimentación y una vida digna.

Pero lo más triste es, que diariamente nos los encontramos por las concurridas calles de nuestra ciudad, plazoletas y parques y, pareciera que no existieran, parecen invisibles, tal vez porque vemos por un solo ojo, aquel que nos permita ver el paisaje de nuestro agrado y que no nos produzca una sensación de molestia, mugre, mal olor o repugnancia.

Pero lo peor aún, es que nos hemos olvidado de ese ser humano que también merece tener una vida digna y desarrollarse integralmente como cualquier otro ciudadano más. Muchos dirán, seguramente ese fulano o fulana han llevado una vida desordenada, devicio y que tantas otras cosas más, pero no sabemos por cuantas amarguras, desamores o abandonos han tenido que pasar. No estamos para juzgar, como dice el Santo Padre en su encíclica Fratelli tutti, “exiliados ocultos” que son tratados como cuerpos extraños en la sociedad.

Querer mirar el desarrollo de un pueblo, sólo por la cantidad de edificios o grandes autopistas, es seguir viendo con un ojo. Queremos un desarrollo económico, claro que sí, pero debe ir acompañado del bienestar de todos sus habitantes. Es tiempo de mirar de otra manera, de sentir de otra manera, entre todos podemos lograr un “movimiento de cambio”, no más indigentes en los andes de nuestra ciudad, no más miseria humana de ambulando como fantasmas, cuando en nuestras manos está hacer algo por ellos.

Quién sabe cuánto potencial podríamos encontrar en cada uno de ellos. Hago un llamado a dejar a un lado tanta indiferencia, recomenzar, construir un gran Centro de Rehabilitación, con personal capacitado, tanto en el área médica, como terapéutica, educadores y todo el personal necesario para formación integral de estas personas.

Crear espacios de rehabilitación física, psicológica, talleres de formación para desarrollar habilidades manuales que les permita también ser productivos.

Retomando algunos apartes de la nueva encíclica, el Santo Padre hace alusión en el Capítulo 1 LAS SOMBRAS DE UN MUNDO CERRADO, artículo 22…pero “observando con atención nuestras sociedades contemporáneas, encontramos numerosas contradicciones que nos llevan a preguntarnos, si verdaderamente la igual dignidad de
todos los seres humanos, proclamada solemnemente hace 70 años, es reconocida, respetada, protegida y promovida en todas las circunstancias. En el mundo de hoy persisten numerosas formas de injusticia, nutridas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico basado en las ganancias, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre. Mientras una parte de la humanidad vive en la opulencia, otra parte ve su propia dignidad desconocida, despreciada o pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados y violados”…

Es posible recomenzar, cada día se nos ofrece una nueva oportunidad, dejar a un lado la indiferencia y tener caridad con el prójimo. El amor al otro, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Lo cual no son sólo buenas razones, sino también que todos nos estaremos beneficiando. Hagámoslo, todo es posible cuando hay voluntad.

Foto de Andrea Piacquadio

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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