Venezuela: realidades y perspectivas

Venezuela y Colombia comparten historia. Allá nacieron Bolívar, Sucre y muchos otros próceres de la independencia. Ambos países enfrentaron dictaduras hace más de medio siglo, y en los dos la restauración de la democracia en 1958 tuvo prohombres al frente, Rómulo Gallegos y Alberto Lleras. Después los partidos tradicionales alternaron en el poder, allá en aparente competencia, acá en abierto contubernio. En ambos casos los procesos de urbanización fueron rápidos, y las estructuras sociales producto del cambio son frágiles.

La abundancia en la economía minero energética de Venezuela por el aumento de los precios del petróleo desde la crisis mundial de los setenta política alimentó la corrupción, que erosionó la confianza de las bases. Apareció el Coronel Hugo Chávez Frías, primero como militar golpista y después como aspirante a liderar cambio. Su pueblo lo escogió. El estilo improvisador desconcertó, pero las cosas quedaron claras desde la Constitución de 1999, con las actuaciones en pro de la Revolución Bolivariana, que desembocó en el llamado Socialismo del Siglo Veintiuno, mezcla de retórica de izquierda y acumulación de propiedad y dinero fuera del país en manos de quienes tienen acceso al poder. Con precios del petróleo sin precedentes el pueblo recibió bienes y servicios en cantidad sin precedentes, y eso robusteció el cimiento del poder chavista, enfrentado a EEUU. La destreza histriónica del gobernante fue elemento aglutinador de una ideología que sedujo a más de la mitad de la población pero alienó al resto, que anticipaba malas perspectivas. El régimen se caracterizó por medidas populistas en la economía, con controles de precios, intervención en la tasa de cambio y gasto público desmedido, con grave daño a la producción nacional y la construcción de instituciones económicas  y sociales sostenibles.

El líder murió de cáncer a principios de 2013, a los cincuenta y ocho años, tras casi catorce en el poder. Sobrevino la adversidad: el precio del petróleo colapsó en noviembre de 2014, desde cien dólares por barril a menos de la mitad, y sin perspectivas de regresar a los precios anteriores, pues si alcanzara los sesenta dólares por barril, los depósitos de petróleo contenido en las rocas de esquisto en EEUU serían competitivas para atender las necesidades del mercado. Nicolás Maduro,  sucesor escogido por Chávez antes de su muerte, no tiene la gracia de su predecesor y se ha convertido en caricatura, en medio de inflación desbordada, agotamiento de bienes esenciales, colapso de la producción por falta de divisas, y crisis política, pues la oposición obtuvo victoria arrolladora en las elecciones para la Asamblea Nacional, cuerpo legislativo unicameral, y reclama  espacios que el gobierno chavista y sus esbirros en el Tribunal Supremo de Justicia, controlado por el chavismo, no quieren ceder.

La crítica situación obliga al diálogo, pero sin perspectivas claras. Hay afinidades culturales fuertes entre los dos países e instituciones políticas pésimas en ambos. Sorprende además la indiferencia del gobierno de Colombia ante el maltrato a nuestros connacionales, el impacto negativo acá del colapso económico allá, y la pérdida de oportunidades de integración para capturar economías de escala y capacidad de negociación en los ámbitos internacionales. Lo cierto es que mirar a Venezuela nos recuerda que el camino de la retórica, en el cual Colombia también está embarcado desde hace tiempo, no lleva a final feliz.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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