Venezuela: la esperanza de latinoamérca

A propósito del conflicto en venezuela y más allá de su confrontación interna, hay que entender la coyuntura desde dos ámbitos: como una problemática geopolítica regional y mundial, y como una gran crisis humanitaria, pues los acontecimientos de los últimos días parecieran demostrar que ciertas potencias no reconocen a Venezuela como un conjunto de personas que padecen las consecuencias de un gobierno autoritario y cruel, sino como un territorio con gran poder petrolero del cual aprovecharse para sus propios intereses.

Es muy lamentable que entrando en la segunda década del siglo XXI todavía nos cueste como humanidad reconocernos, creer que somos distintos por vivir en territorios delimitados y que dejamos de ser la misma especie por hablar idiomas diferentes. Lo que hoy vive el país vecino, no es más que el resultado de la oscuridad humana por concentrar el poder y la riqueza para satisfacer la enfermedad del ego y olvidar que lo vital es mantenernos como especie dentro de un ecosistema que nos ha acogido y con el que hoy estamos endeudados.

Lo cierto es, que el problema que vive Venezuela toma su tiempo y su táctica, y que somos muchos los ciudadanos del mundo, los que nos sentimos impotentes ante tal situación, pues se trata de un poder que va más allá de nuestro alcance cotidiano y que pareciera que no quedará más que esperar a que los de arriba se pongan de acuerdo en la solución menos perjudicial para todos.

Para el caso colombiano, ha sido el país más afectado, pues ya son cerca de dos millones de inmigrantes venezolanos que han llegado al territorio con la esperanza de resistir la crisis y de encontrar oportunidades para vivir, pero lamentablemente la respuesta del Estado ha sido precaria, no sólo por la incapacidad administrativa de abrir los espacios que ni siquiera existen para los propios colombianos, sino por la ola de xenofobia que se ha creado al estigmatizarlos a todos como delincuentes y como una amenaza para nuestra sociedad. Y sí, seguramente muchos de ellos han elegido acciones ilegales, pero no son todos, la mayoría de ellos son familias buenas, profesionales, estudiantes y trabajadores que tuvieron que salir de su país y dejar su proyecto de vida, en busca de no ser asesinados por la opresión del dictador.

Mi llamado es a dejar de verlos como “venecos”, como ajenos a nosotros, y más bien a respetarlos y entenderlos como humanos abriéndoles las puertas de nuestra solidaridad, porque sin duda alguna, la solución para Venezuela llegará tarde que temprano, y en menos de lo que creamos, serán de nuevo la sociedad visionaria que fueron en algún momento, incrementarán su productividad y aprovecharán el momento histórico para demostrarle al mundo cuán valiosa es su tierra. Hoy, tenemos la oportunidad de ser el país que apoyó a su reconstrucción, de unirnos como región latinoamericana, de crecer en conjunto, de salir de la “vía de desarrollo” y de la esclavitud de las potencias. Hoy es el momento de proyectarnos hacia el sueño bolivariano, de explotar nuestros talentos, de independizarnos y de dar el paso a nuestra libertad como región.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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