Un Valle de posibilidades

La semana pasada tuve la posibilidad de escuchar a un excelente panel de expertos en la Universidad Icesi, donde se abordó el tema de las posibilidades productivas para Cali. La idea, esencialmente, parte del concepto de la complejidad económica que postula que el desarrollo llega cuando las ciudades, regiones o países diversifican su oferta productiva, lo que exige como condición saber hacer más cosas. Un concepto que, como advertía entonces Esteban Piedrahita, presidente de la Cámara de Comercio de Cali, controvierte de alguna manera la tesis clásica de la especialización. Y esta discusión para nuestra ciudad no es de poca monta, más si se considera que, por ejemplo, una de las banderas de la actual administración municipal es la generación de ingresos.

Las economías de Cali y del Valle del Cauca han tenido un buen registro en el último lustro: la economía regional ha crecido por encima del promedio de la economía nacional, el desempleo se ha reducido de forma considerable y la inversión extranjera, principalmente orientada hacia los servicios, ha crecido, contrastando con el relato de ciertos sectores que enfatizan en una supuesta salida de empresas extranjeras. En un mayor porcentaje, la explicación del buen desempeño de las empresas en la región y del conjunto de la economía regional está en el hecho que no se encuentran concentradas en actividades de explotación de recursos naturales y que más bien conforman una diversa oferta productiva, que ha servido de cobertura ante la caída de los precios de las materias primas. De hecho, como lo expuso el profesor de Harvard, Eduardo Lora, la semana pasada en el mismo panel, Cali cuenta con la segunda oferta productiva más diversa después de Bogotá a nivel nacional.

Sin embargo, la tarea aún está a media marcha, aunque el avance es significativo. Y el reto es saber aprovechar las condiciones que permiten a la región fortalecer su aparato productivo y que esto se vea reflejado en una mejora sustancial de las condiciones de vida de la gente. En ese sentido, existen oportunidades ya identificadas. A partir de sectores ya existentes en la economía local se podría pegar un salto adelante para el desarrollo de bienes que exigen más conocimiento y tecnología pero que requieren como base algunos de los productos que ya producimos. Ahí es esencial disponer del talento humano más preparado y en ese punto es clave la participación de las universidades y su estrecha relación con el Estado y las empresas. Debemos garantizar más cobertura en la educación terciaria y avanzar en términos de calidad y pertinencia.

La realidad nos dice que, a pesar de los inmensos retos que tenemos en la región en materia de violencia, desigualdad, pobreza y movilidad, por mencionar los más relevantes, Cali tiene un potencial que se ha expresado a lo largo del siglo XX y que se ha hecho más fuerte en los años más recientes. Valdría la pena recordar que hasta 1910, año de creación del departamento del Valle del Cauca, Cali era apenas una villa sin mayor relevancia pero que gracias a su ubicación geográfica, la facilidad de dotarla de infraestructura y su cercanía al mar creció hasta ser la tercera ciudad de Colombia y una de las economías más dinámicas del país. Viendo este antecedente y las oportunidades que tenemos, creo fervientemente que nuestra región, con los liderazgos apropiados, tiene un futuro promisorio.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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