¿Una revolución en marcha?

El año anterior el mundo vio con atención lo que ocurría en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos y en 2017, sin duda, Francia y su proceso electoral serán los protagonistas. Por naturaleza, el país europeo es importante y las decisiones internas tienen peso internacional: una de las cinco economías del mundo, la primera potencia militar europea y una influencia cultural notable en occidente son motivos fuertes para afirmarlo. Y la historia se ha encargado de demostrarlo: la Revolución francesa, en el siglo XVIII; las Guerras Napoleónicas, que incluso aceleraron el proceso independentista en América; su proceso colonizador en América, África y la Indochina en Asia o el mayo francés, cuando inició el movimiento estudiantil en La Sorbona de París que se regó por el mundo.

Más recientemente, Francia ha sido un actor clave para cambiar la configuración de países como Libia, Siria e Irak y fue una piedra en el zapato para los Estados Unidos en los meses previos a la invasión para derrocar a Sadam Hussein. No obstante, enfrenta una paradoja: los franceses sienten que su país, una potencia global, está postrado, en medio de un elevado desempleo juvenil y un lánguido crecimiento económico. Y eso se está notando en las proyecciones de los resultados de las elecciones presidenciales de abril y mayo de 2017.

Desde los inicios de la Quinta República, en 1958, Francia ha estado gobernada por los socialistas y por la derecha gaullista hoy representada por los Republicanos. De alguna forma ese bipartidismo dio a Francia los mejores años en el siglo XX, pero también carga con el estigma de ser el responsable de ese estancamiento que el francés promedio percibe. Si una elección la ganaban los socialistas, la siguiente la ganaba la derecha; es así como tres periodos del socialismo de Mitterrand fueron sustituidos por otros tres periodos del Chirac, el político de derecha más importante de finales del siglo pasado. Pero ni socialistas ni conservadores han logrado reanimar a la economía francesa, altamente dependiente del gasto público (el Estado equivale al 57% de su enorme PIB, algo así como tres veces el PIB de Colombia) e incapaz de generar los puestos de trabajo que necesitan los jóvenes franceses. Una economía altamente estatizada como la francesa depende profundamente de los impuestos de los contribuyentes, que bajo la presidencia de Hollande vieron trepar la tasa de tributación al 75%, un verdadero desestímulo al emprendimiento y la generación de empleos. Pero parece que ese bipartidismo está por desaparecer.

En 2017 parten como favoritos la ultraderechista Marine Le Pen, con ideas proteccionistas y nacionalistas que han sacudido a la derecha francesa en detrimento del gaullismo de Los Republicanos, y por otro lado está el sorprendente Emmanuel Macron, un liberal centrista que podría ser el primer presidente de la República francesa menor de 40 años. Y nuevamente, Francia moverá al mundo: la política tradicional muy posiblemente será derrotada y la comunidad internacional verá con ansiedad el duelo entre el liberalismo reformador de Macron y la derecha alternativa extrema de Le Pen. De la victoria de cualquiera de los dos dependerá el futuro de la Unión europea y la estabilidad de los mercados internacionales en el corto plazo. No en vano la propuesta de volver al franco francés, enarbolada por Le Pen, se estima tenga un costo de 60 mil millones de euros más sumados a la ya considerable deuda francesa.

Pero el mensaje es claro: la ciudadanía está hastiada de las recetas de la política tradicional. Tanto Le Pen como Macron simbolizan el surgimiento de una clase política que lee los miedos e ilusiones de los electores. Esto no necesariamente es positivo, pero es un fenómeno que debe ser leído con detenimiento toda vez que impone retos para el planeta entero. Tanto Fillon, de la derecha tradicional, como Hamon, exponente de la izquierda clásica, serán derrotados y con ello buena parte del programa político que ha gobernado a Francia desde mediados del siglo pasado. Seguir las elecciones francesas será, posiblemente, asistir a una revolución en marcha desde las urnas, ¿cuál será el resultado? No lo sabemos, pero sí podemos anticiparnos que será un rechazo a la vieja política. Quizás en Colombia deberíamos tomar atenta nota.

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

 

** Imagen extraida de: http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2017/03/french-elections-change-face-europe-170307080719169.html

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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