¿Una reincorporación a la medida?

Si los colombianos hemos perdido algo más que vidas en el conflicto armado es la capacidad de asombro, sobretodo en las urbes en donde los caídos son ajenos. La cuantificación de las infamias de la guerra[1] está demasiado alejada del impacto moral producido, contar en miles a los desaparecidos, en cientos de miles a los muertos, en millones a los desplazados dista mucho del sufrimiento de las victimas que no cuentan, pero sí sienten. Asimismo, con el facilismo propio de quien observa desde la barrera, las demandas de justicia a la medida de intereses políticos y económicos se convirtieron en la bandera justificante del odio y con ello de la división de este país – tan dañina -, al punto de calificarnos entre buenos y malos, llegando al punto de pensar en las Farc, por ejemplo, como un ente compuesto de cualquier cosa menos de personas.

El proceso de paz con las Farc, tan polémico y necesario, superó serios obstáculos para llevarse a buen término. Después de una larga negociación, un intento de refrendación popular que dejó en entredicho la democracia colombiana por su fragilidad ante la manipulación de todas las partes de la contienda electoral; del gobierno con la cantidad de dinero repartido para ganar y de la oposición con los inventos y engaños – porque existieron – que influyeron en gran medida en el resultado. Para finalizar con la refrendación en el Congreso de la República y el inicio del proceso de dejación de armas, el tránsito a la legalidad y la preparación de la reincorporación de los militantes la guerrilla a la vida civil.

Sin embargo, el gran reto de los intentos de paz no está en los vaivenes políticos ni jurídicos – este gobierno los supera o los impone -, el desafío es social. La clave del éxito o del fracaso del proceso de paz está en acabar el imaginario colectivo respecto al enemigo y a la guerra como justificación, es ahí en donde se debe construir y también en donde no se ha trabajado, la insuficiencia de este gobierno ha sido la desconexión de sus políticas de paz con la población, al presidente no le creen, no le aceptan, y le cobran en las elecciones.

Tampoco es un secreto el rechazo de gran parte de la sociedad a la guerrilla de las Farc, durante años, los medios de comunicación han sembrado odio y resistencia, el gobierno del expresidente Uribe reafirmó ese sentimiento y encarnó en la fuerza pública la posibilidad de venganza del pueblo colombiano hacia ellos, y también la propia torpeza de la guerrilla contribuyó a la suerte que les acompaña, nadie puede justificar sus secuestros, extorsiones y asesinatos.

Así entonces, no podemos olvidar que el proceso de paz no se puede concebir como un acuerdo entre dos actores políticos, estáticos, de piedra, por el contrario, esas estructuras las componen seres humanos que dependen de decisiones ajenas, llámense secretariados o presidentes, tanto las soldados de la fuerza pública como los guerrilleros quieren dejar de morir, es simple supervivencia.

En ese intento, y tras los avances en el proceso, hoy los guerrilleros de las Farc se encuentran unas zonas veredales transitorias de normalización y unos puntos transitorios de normalización con un mecanismo de monitoreo y verificación[2], con fines específicos, adelantar el proceso de dejación de armas, un censo socioeconómico y la acreditación de los miembros de las Farc EP. También se adelantan medidas necesarias para la reincorporación de los mismos (jornadas de salud y cedulación), siendo estas últimas una muestra de un grupo de personas que buscan iniciar una vida desde la legalidad, distinto al imaginario de la población en donde se deshumanizó al grupo insurgente y se los condenó a ser receptores de balas y bombas.

Al parecer, el primer paso es aceptar que los guerrilleros son seres humanos, ese es el punto de partida para lograr la paz. De ahí quizás el motivo de sorpresa e indignación de algunos por observar a los guerrilleros cuando celebraron el fin de año bailando con algunos delegados de la ONU – valga reprochar el comportamiento poco adecuado de los delegados dada su misión en el lugar, sin condenarlos al patíbulo, por supuesto-. Sirva este suceso para pensar en las personas concentradas en esos lugares, ellos comen, sienten, se ríen, bailan, viven… ¿Qué se pensó entonces? ¿En un confinamiento de metro cuadrado, aislado y compacto, alejado del ruido y sin la posibilidad de hablar o compartir? Esa sería una reincorporación a la medida… ¿de quiénes? El proceso después del día D[3] es la dejación de armas, 150 días después Colombia verá el fin de la guerrilla más grande del país y la posibilidad de no volver a escuchar ni sentir sus balas ni su daño, después se reintegrarán a la sociedad ¿estaremos preparados para recibirlos?

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

 

 

[1] Desaparecidos: 175.401. Desplazados: 7.676.646 según el registro único de víctimas. Consulta: 03 de enero de 2017. 220.000 muertos entre 1958 y 2012. Según el informe ¡Basta ya! Del Centro Nacional de Memoria Histórica.

[2] Zona veredal: contiene varios campamentos. Punto: Es de menor tamaño que una zona veredal y consiste en un solo campamento. https://es.scribd.com/document/334637530/ABC-Zonas-Veredales#fullscreen&from_embed

[3] Día de la refrendación del acuerdo final.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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