Una reflexión sobre la crisis migratoria colombiana

Son muchos los colombianos que a menudo piensan en partir a otras naciones a buscar nuevos horizontes, mejores perspectivas laborales y una mejor calidad de vida. A ellos todavía no les cabe en la cabeza tener que aceptar lo que cotidianamente sus retinas les están mostrando. Miles de venezolanos buscando hacerse un lugar en nuestra imperfecta sociedad.

Las imágenes de cientos de venezolanos durmiendo a los alrededores de la Estación de Autobuses de Cali son escalofriantes. Se instalan en carpas que apenas si aguantan las primeras gotas de un aguacero. De hecho, cuando el aguacero se desata, se les puede ver corriendo despavoridos hacia la estación a salvar sus pocas pertenencias de ser mojadas y estropeadas. También se les ven en los semáforos con sus hijos, pidiendo ayuda para sortear un nuevo día, de un suplicio, que pocos años atrás, ninguno de ellos pensó, tener que estar viviendo. No olvidemos, que millones de colombianos viven también en la pobreza extrema, en zonas, invisibles para muchos de nosotros, soportando incluso situaciones mucho peores que estas.

Paradójicamente, vienen a Colombia, quienes no encontraron la manera de viajar a Norte América, que con la administración Trump ha endurecido el acceso a su territorio, ni a Europa, donde de hecho la crisis migratoria motivada por los conflictos en Oriente Medio y por la extrema pobreza africana, tampoco les asegura un futuro promisorio, esto a pesar, de que ya muchos, recurriendo a sus orígenes europeos lograron establecerse allí con condiciones relativamente favorables. Algunos vienen de paso hacia otros países de Suramérica, y buena parte de ellos se quedará con nosotros. Muchos de los venezolanos que vemos, son en realidad colombianos que regresan tras muchos años de arraigo en el vecino país.

Según, el Informe sobre las migraciones en el mundo 2018, publicado por la International Organization for Migration, en 2015, un millón de colombianos vivían en Venezuela, e incluso se mencionaba la existencia de un importante corredor migratorio de Colombia hacia Venezuela. De hecho, en 2016 Colombia fue el principal país de origen de refugiados en América Latina, muchos de ellos acogidos en Venezuela. Esta situación cambió bruscamente entre 2017 y 2018 como consecuencia del desplome del precio del petróleo ocurrido entre 2014 y 2016 y el subsiguiente deterioro de las cuentas públicas y externas. Mientras Colombia, es cierto, menos dependiente del sector minero energético, logró ajustar su economía, Venezuela terminó estrangulada por un excesivo endeudamiento externo y la hiperinflación.

Afortunadamente, una luz de esperanza brilla a la distancia. Las declaraciones de Maduro, asumiendo la responsabilidad por la implementación de modelos económicos que no dieron resultados y su llamado a dejar de buscar excusas en las agresiones del imperialismo podrían significar un paso importante hacia el sinceramiento y la profesionalización en la toma de decisiones de política económica.

Dejando de lado las fantasías, incluso contraproducentes, de invasiones americanas que pongan fin al régimen, la auto renuncia del mismo, u otros escenarios poco probables de cambio de gobierno, lo cierto es que la recuperación de Venezuela pasa por lo que el gobierno actual pueda hacer por enderezar las cosas.

Mis recomendaciones más urgentes consisten en poner fin al régimen de control de cambios, oficializar la dolarización de la economía para poner fin a la hiperinflación, gestionar la eliminación de las leyes de controles de precios que pretendían contener a los especuladores y permitir la entrada inmediata de los organismos que están dispuestos a brindar ayuda humanitaria. En últimas, es crucial que se tomen las medidas necesarias para dejar de lado ideologías y asumir realidades.

Y en cuanto de realidades se trata, los colombianos deberíamos saber leer las nuestras. Muchos tildan la oleada migratoria actual de invasión e incluso algunos brotes de intolerancia se han presentado. Lo cierto es que Colombia sigue siendo un país con casi nula presencia de extranjeros, menos del 2% del total de la población en 2017. Bienvenidos entonces los venezolanos a Colombia para ayudar a construir un país más diverso y más humano.

 

Imágen tomada de : www.wradio.com.co

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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