Un balance de la economía colombiana en 2019

Comenzando el nuevo año, vale la pena realizar un recorrido por los principales hechos económicos que marcaron la economía colombiana en 2019, aclarando que los datos definitivos se podrán verificar solo a comienzos de 2020.

En Colombia, 2019 será recordado como un año muy extraño. El desempleo llegó al 9.8% en octubre, aumentando 0.7 puntos porcentuales frente al año anterior, esto, mientras el crecimiento económico repuntó con dinamismo al alza. Descontando el efecto del paro, posiblemente el crecimiento del PIB se ubicará en torno a 3.0%, superando con bastante diferencia la media de América Latina y en consonancia con el promedio mundial.

Otra paradoja de la economía nacional fue la persistentemente baja confianza del consumidor a lo largo del año, mientras que el consumo de los hogares mostraba signos satisfactorios y jalonaba el crecimiento del PIB. En el tercer trimestre, el comercio creció 5.9%, mientras el PIB lo hizo al 3.3%.

Durante este mismo trimestre, una parte de la economía naranja, representada por las actividades artísticas, de entretenimiento y recreación y otras actividades de servicios, en cambio se mostraba menos dinámica de lo esperado, creciendo a un 2.9%. El sector de la construcción mostró signos persistentemente negativos a nivel nacional a lo largo del año.

A pesar de la apreciación de los últimos días, en promedio, fue un año de devaluación del peso frente al dólar, alivio para quienes reciben las remesas de los inmigrantes, pero preocupación para el Banco de la República por sus posibles efectos inflacionarios. Ante esto, y pese a las reducciones de tasas en los Estados Unidos, las tasas de interés en Colombia no pudieron continuar su senda a la baja.

El sector exportador mostró fuertes signos de debilidad. Pese a mantener una moneda subvaluada frente al dólar, las exportaciones no tradicionales no levantaron cabeza. La sistemática revisión a la baja de las perspectivas de crecimiento de nuestros principales socios comerciales y el hecho de que muchos de ellos tuvieran monedas igualmente subvaluadas explicaron esta situación. Por otro lado, unos precios internacionales de los commodities en niveles relativamente bajos dan cuenta del poco dinamismo de las exportaciones tradicionales, entre las cuales las de carbón y ferroníquel, incluso, mostraron un marcado retroceso.

Las finanzas públicas se mantuvieron dentro del rango de lo que podríamos denominar moderadamente responsable. A pesar de que inicialmente el déficit fiscal se hubiera ampliado del -2.4% al -2.7% del PIB, el buen trabajo de la DIAN y las ganancias de Ecopetrol, apalancaron positivamente las finanzas públicas, evitando muy probablemente un derrape hacia un déficit mayor. Así, la regla fiscal fue fiel a su filosofía y las firmas calificadoras de riesgo mantuvieran la calificación de nuestra deuda pública en grado de inversión, a pesar de la inestabilidad social de finales de noviembre y comienzos de diciembre.

Preocupa, no obstante, el aumento del endeudamiento externo que alcanzó el record de 42.8% del PIB en el mes de agosto, así como el efecto de las tensiones sociales sobre la inversión extranjera directa y las expectativas de crecimiento en un entorno de continuo deterioro del déficit de cuenta corriente.

Los principales analistas apuntan a un crecimiento superior al 3.0% en 2020. Este nuevo año que comienza se presenta entonces como un buen momento para la reconciliación entre los colombianos y como la ocasión apropiada para recuperar el optimismo y la confianza, con la convicción de que el gobierno y el Congreso de la República estarán a la altura de hacer avanzar el país en la dirección de unas instituciones más robustas frente a la corrupción y más comprometidas por alcanzar una paz duradera.

Imagen: https://bit.ly/36INP18

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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