TRANSICIÓN ENTRE LUCES Y SOMBRAS 2019 – 2020

Los principales acontecimientos políticos y sociales de 2019 nos revelan que estamos viviendo un momento de transición histórica. Una transición donde las luces y las sombras se intersectan, formando un paisaje penumbroso, en el que es difícil saber si se trata de un nuevo amanecer o el comienzo de un prolongado ocaso. Sin duda, la precaria estabilidad de nuestro planeta y la crisis climática con sus fatales catástrofes, provocadas por un estilo de vida expoliador y codicioso, es la sombra más tenebrosa que se proyecta sobre nuestra común humanidad.

No futuro

Por ello, los primeros en rebelarse son los jóvenes conscientes y sensibles, cuya expresión más precoz es la frágil Greta Thunberg, pues saben bien que no hay futuro si el planeta continúa en manos de ese cuarteto de depredadores desafinados y desaforados: Xi Jinping (China), Trump (USA), Ram Nath Kovind (India) y Putin (Rusia)[1]. Que el modelo de desarrollo actual, sustentado en los recursos fósiles y en la obsesión por consumir cada vez más productos y nuevas tecnologías, tiende a convertirnos a todos en autómatas del mercado, degradando nuestra común, finita y plural  condición humana. Una condición que ya la determina casi totalmente el mercado y no las necesidades y prioridades inherentes a todo ser humano y cultura, como son el ejercicio de su libertad, sensibilidad, creatividad y dignidad, que le confiere a cada persona y pueblo una identidad valiosa, irrepetible e insustituible. Una dignidad invaluable e innegociable. Quizá por ello, entre las nuevas generaciones  hay tendencias cada vez más radicales que se rebelan contra todo estilo de vida uniforme y ortodoxo, que impone los cánones de lo correcto, lo normal y lo exitoso: la familia heterosexual y nuclear; la mal llamada “filiación partidista” y su activismo mesiánico, sea de derecha o izquierda y el ejercicio de profesiones respetables y serias, que auguran prosperidad económica y felicidad familiar. Pues estos jóvenes saben bien que tanta corrección, militancia, normalidad y éxito es lo que nos han conducido a esta dramática encrucijada.

Otra forma de vida es necesaria

En su lugar, muchos jóvenes, que no la mayoría, inventan otras formas de familia; otras relaciones de parejas más auténticas y libres, exploran otras dimensiones del amor e incluso formas diversas de consumo más respetuosas con la vida animal y la sostenibilidad del planeta. En últimas, reivindican la vida como una expresión de libertad e identidad y emprenden un activismo político, social, cultural, económico y de género que articula las más diversas tendencias en gestación: el ecologismo, la no-violencia, el animalismo, el veganismo y la cultura queer[2], en tanto alternativas y formas de resistencia al actual modelo de vida imperante. Y esas luces destellantes para algunos resultan intolerables, pues las asocian con la decadencia moral y muchos medios de comunicación las reflejan como sombras diabólicas y amenazantes, que terminan generando resistencias violentas en los sectores más conservadores y fundamentalistas, para quienes sólo existe una moral verdadera, un Dios único y una verdad irrefutable. Entonces la transición se puede convertir en un escenario dantesco, donde se librará un combate mediático a muerte entre el “bien” tradicional,  defensor de un statu quo inmodificable, contra un “mal” insurgente y sus mil rostros diversos y amenazantes. Combate que solo se podrá superar con una nueva comprensión y ejercicio de la política, asumiéndola como un asunto vital para cada persona, liberándola de las manos de mercaderes y mercenarios, profesionalmente llamados políticos, que la asumen como una amante al servicio del mercado y sus privilegios de poder corporativo, partidista y hasta personal.  Tal parece que ello empieza a suceder en muchas latitudes, desde Hong Kong, pasando por Francia, hasta llegar a nuestro terruño latinoamericano y calles citadinas. Pero también aquí las sombras son amenazantes: la xenofobia, el nacionalismo, los fanatismos religiosos, autoritarismos gubernamentales y los prejuicios sociales,  hasta la impaciencia por cambiar estas democracias de oropel, puede conducirnos al espejismo de los salvadores autoritarios o del voluntarismo impotente, que cambia todo y nada resuelve, con la panacea de las Asambleas Constituyentes.

Entre la paz satanizada y las verdades dolorosas

Algo parecido sucedió en el plebiscito sobre el Acuerdo de Paz, en 2016, donde expertos maniqueos en el arte de la manipulación de los prejuicios y los miedos, llevó a muchos ingenuos a votar “emberracados” por el NO, polarizando y torpedeando así una oportunidad histórica para reconocernos todos y todas como miembros de una comunidad política y no como enemigos irreconciliables. Una comunidad política capaz de enfrentar públicamente sus errores y horrores, para a partir de allí descubrir una verdad compartida por todos y avanzar hacia la reconciliación y la paz política. Tal es el desafío que plantea el descubrimiento de fosas comunes como las de Dabeiba[3], que dan cuenta del horror de la directriz 029 de 2005 del Ministerio de Defensa[4], en cumplimiento de la eufemística “seguridad democrática”,  que por sus resultados debería denominarse seguridad tanática. Esta luz mortífera nos proyecta un 2020 tenebroso, pues terminaremos de conocer, gracias al trabajo dela JEP, la Comisión de la Verdad y la Unidad de Búsqueda de personas dadas por Desaparecidas, también las múltiples atrocidades cometidas por las Farc y por importantes sectores civiles que, tras la bambalina de sus cargos públicos y sus responsabilidades empresariales, estimularon dichos horrores o los consintieron con su silencio y pasividad interesada. Habrá, seguramente, quienes se pregunten si tiene sentido conocer verdades tan dolorosas, y si no sería mejor enterrar del todo ese pasado, como sucedió en la Violencia. Y la respuesta ya no la ha proporcionado la historia: no es posible vivir en medio de la mentira, pues las verdades terminan por aparecer  –como las fosas comunes— y una sociedad dividida y atormentada, como colectividad de víctimas y victimarios que hemos permitido, sólo puede tener presente y futuro reconociendo la verdad de su pasado. Superando, por fin, esa terrible división y distinción entre víctimas y victimarios, asumiéndonos todos responsablemente como ciudadanos. Tenemos que vivir la sentencia bíblica: “Solo la verdad nos hará libres”. No por casualidad 20-20 es la fórmula de una visión normal[5]. En el 2020 hay que abrir bien los ojos y actuar lucidamente. De lo contrario, nos perderemos otra vez en las tinieblas del olvido, el odio o la búsqueda imposible de una justicia absoluta y una paz perfecta, que nunca encontraremos en esta tierra.

[1] https://www.ecologiaverde.com/los-paises-que-mas-contaminan-13.html

[2] https://sentiido.com/queer-para-dummies/

[3]https://www.semana.com/nacion/articulo/fosa-comun-masiva-de-falsos-positivos-investigada-por-la-jep-en-dabeiba-antioquia/644974

[4]http://www.justiciaporcolombia.org/sites/justiciaporcolombia.org/files/u2/DIRECTIVA_MINISTERIAL_COLOMBIA.pdf

[5] https://www.aao.org/salud-ocular/consejos/que-significa-una-vision-20-20

Imagen: https://nyti.ms/2sENyxU

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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