• Lo público es demasiado importante para dejarlo en manos de oportunistas y politiqueros

‘Timochenko’ en el Quindío

Rodrigo Londoño antiguo jefe guerrillero conocido también con el alias de Timochenko, y quien es candidato a la Presidencia de la República, visitó la capital del Quindío. Su propósito era promover el proyecto político surgido de las antiguas Farc, organización que pasó a la vida democrática con el nombre de Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común.

Según trascendió durante el desplazamiento de ‘Timo’ por la vía pública se produjo una reacción espontánea y generalizada de parte de los transeúntes. En un ambiente de linchamiento fue abucheado, silbado y zarandeado. Se escucharon palabras de grueso calibre y duros calificativos. Los promotores de la candidatura no pudieron impedir que se destruyeran algunas de sus banderas e insignias; los escoltas se vieron a gatas para sacar al otrora subversivo del lugar, y el vehículo en el que viajaba quedó averiado.

Suerte distinta tuvo Londoño en La Tebaida, su población natal, donde recibió la ovación de un grupo de militantes cuidadosamente escogidos, quienes se congregaron en el auditorio de la plaza principal. Tras la conclusión del evento el excomandante abandonó rápidamente del lugar para evitar otra situación enojosa.

El episodio de Armenia, que podría repetirse a lo largo de la campaña presidencial, es preocupante. Londoño está actuando bajo reglas que pueden no gustar pero que son formalmente válidas y quedaron consagradas en el Acuerdo Final. Él y sus antiguos compañeros de armas abandonaron las acciones violentas como medio de acceder al poder. En consecuencia hoy son merecedores de las garantías propias del juego democrático.

Con respecto a lo acontecido en la capital quindiana el candidato salió dando una explicación tan ajena a la realidad que se sitúa en el ámbito de lo delirante: “La campaña de desprestigio que se hizo por más de cincuenta años tiene esas consecuencias”, dijo. Como si no se tratara de una campaña de autodesprestigio montada por las mismas Farc durante cincuenta años con sus procederes antisociales e inhumanos; con su constante violencia contra la integridad y la dignidad de los colombianos.

Considerando esa ‘objetividad’ para registrar los acontecimientos, no sería extraño que en los altos círculos de la Fuerza Alternativa echen la culpa de lo ocurrido en Armenia a una nefanda maquinación de la derecha, o a un embate violento de siniestras fuerzas retardatarias. Hasta especularán sobre una conspiración fraguada por el aparato de seguridad del Estado.

No hay duda de que en un país democrático y en paz, el partido de las Farc debe ser actor importante. Pero para materializar esa posibilidad sus dirigentes necesitan comenzar por merecer la confianza de la gente. Este es un camino que exige el sometimiento inmediato y eficaz a la justica especial; la devolución de los bienes; la reparación integral de las víctimas; la entrega de los menores reclutados y la verdad sobre los crímenes cometidos. Al mencionar lo anterior no se pretende imponer cargas adicionales a los desmovilizados que incursionan en la política. Se trata tan solo de dar cumplimiento efectivo a las condiciones previstas en el Acuerdo.

Si este no es el punto de partida del nuevo movimiento, sus posibilidades serán limitadas. Los ciudadanos además de no entregarles el voto, les seguirán gritando en las calles el dolor que por su culpa aún experimentan.

 

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

* Imagen extraída de: página oficial de El Economista. Disponible en: eleconomistaamerica.co

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