Tiempos de crisis

Si se desenrolla el ovillo de la historia se encuentra que las crisis son una constante de tiempo en tiempo. Ellas surgen cuando se avecina un hundimiento de las seguridades para la vida o del andamiaje de una comunidad. Por lo general, el mundo se sobrepone y genera otras dinámicas para pervivir. Son excepcionales los eventos en que no se logra, tal como la extinción del Egipto de los Faraones por la sequía, entre otras circunstancias. Y hasta puede uno imaginarse que alguna crisis ocasionó el naufragio de la cultura de la isla de la Atlántida de Platón, ó la destrucción de Macondo por un colérico huracán.

“La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir”, frase atribuida a Gabriel García Márquez. Y es verdad. Sobrevivir es traspasar situaciones que a lo largo de la vida amenazan la existencia o la estabilidad. La certeza que a la sociedad le ofrecían las creencias de la antigüedad en la Edad Media, entró en crisis cuando paulatinamente se abrió paso la razón, el conocimiento y la experiencia. Atrás quedó el convencimiento de que los sucesos y las calamidades del mundo provenían de los designios divinos. El hombre buscó entonces su seguridad en la ciencia y el pensamiento racional. Pero la modernidad fundada en estas certezas y en los principios de la ilustración, también enfrenta amenazas desestabilizadoras. Se le entretejen crisis por guerras, pandemias, depresiones económicas, ataques a la democracia, desinformación, etc. Con todo, las crisis enseñan e impulsan el ingenio para superarlas, creando nuevas condiciones que luego la historia juzgará.

Ahora, en los albores aún del siglo XXI, como si no hubieran pasado cientos de años de avances de la ciencia y de las teorías políticas y sociales, la humanidad irónicamente solo cuenta con el aislamiento como única defensa ante la pandemia del covid19.  Y ha tenido que presenciar además del fallecimiento de muchas víctimas, el silencioso y catastrófico naufragio de empleos, empresas y trabajos. La pandemia que igualó a todos en la fragilidad trajo por la cesación de las actividades, una crisis económica que ahondó las diferencias económicas y sociales entre poblaciones y Naciones. Por fortuna, se ha contado con los esfuerzos del personal médico, gobiernos y organizaciones, así como con la solidaridad y la tecnología. Sin embargo, las soluciones frente a la enfermedad y  a la reactivación de la economía,  están por verse.

Muchas voces advierten la necesidad de aunar esfuerzos y recursos para dirigirlos hacia lo fundamental. Hay buenos propósitos de cooperación entre Estados, empresas, organizaciones y compañías que adelantan investigaciones. Se ha entendido que la crisis económica y de sanidad es global, y que aún considerando el cierre de fronteras, es necesario tender puentes de hermandad y colaboración. No faltará el individualismo de algunos gobiernos o entidades que antepongan sus propios intereses, así como el de personas que burlan las medidas de prevención atentando contra la vida propia y de los otros, y contra la reactivación de las actividades de la vida diaria y la economía.

Es comprensible sin embargo, que para subsistir las sociedades tengan que retomar sus actividades, aún a riesgo del contagio. A propósito de esta situación y de episodios literarios que se releen  en estos tiempos de crisis, está el de la peste del insomnio en Macondo. Se acordaron allí medidas para impedir que el flagelo se propagara y “de esta forma, se mantuvo la peste circunscrita  al perímetro de la población. Tan eficaz fue la cuarentena, que llegó el día en que la situación de emergencia se tuvo por cosa natural, y se organizó la vida de tal modo que el trabajo recobró su ritmo y nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre de dormir” (p.59).

Como no son los tiempos de Macondo, la preocupación es sana para salir a flote y para afinar estrategias aprovechando las luces de expertos y analistas, en función de la salud, el trabajo y el campo como fuente indispensable para el suministro de alimentos dentro y fuera del país. La responsabilidad de llegar a buen puerto es de cada persona, entidades, gremios y Gobiernos. El aporte de los ciudadanos del común es vital en estos momentos críticos, mediante el cumplimiento de las medidas sanitarias recomendadas y la toma de decisiones de consumo que favorezcan el mercado de productos nacionales.

Referencia. Gabriel García Márquez. Cien Años de Soledad. Edición Real Academia Española. Asociación de Academias de la lengua española. (2007).

Imagen: https://bit.ly/2MSc84U

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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