Textos para leernos

De cara al Bicentenario de la batalla de Boyacá llevada a cabo el 7 de agosto de 1819, ha sido oportuna la invitación a leernos como nación, realizada por la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2019. Sin duda, es propicia la ocasión para volver la mirada al inicio y transcurso de la vida nacional, a fin de asumir el pasado que nos condujo a los actuales tiempos, e interpretar el presente. Convocar y revisar el pasado en las conmemoraciones, es un ejercicio de la conciencia histórica con el objetivo de iluminar el camino hacia el futuro.

Para el conocimiento de los sucesos e ideas que forjaron el presente, se acude normalmente a documentos, crónicas, correspondencia, representaciones y estudios de historiadores y sociólogos, entre otras fuentes. La literatura por su parte, también es medio idóneo y cautivante para leernos como nación. La creación literaria ha incursionado en el pasado para recrear o cuestionar acontecimientos, personajes o la mentalidad imperante en regiones o épocas. Aún cuando se trata de una ficción sin pretensión de verdad absoluta, hay novelas históricas que constituyen un valioso aporte de sus autores por su voluntad de revisar la historia oficial.

 ¿Qué sabe Colombia de sí misma? Es un interrogante inspirado en el que formula el escritor Carlos Fuentes al tratar sobre la verdadera lectura, la segunda lectura, de Cien años de soledad: “¿Qué sabe Macondo de sí mismo? Es decir: ¿Qué sabe Macondo de su creación? La novela constituye una respuesta totalizante: para saber, Macondo debe contarse toda la historia “real” y toda la historia “fictiva”, todas las pruebas del notario y todos los rumores, todas las leyendas, maledicencias, mentiras piadosas, exageraciones y fábulas que nadie ha escrito, que los viejos han contado a los niños, que las comadres han susurrado al cura, que los brujos han invocado en el centro de la noche y que los merolicos han representado en el centro de la plaza. La saga de Macondo y los Buendía incluye la totalidad del pasado oral, legendario, para decirnos que no podemos contentarnos con la historia oficial, documentada, que la historia es, también, todo el Bien y todo el Mal que los hombres soñaron, imaginaron y desearon para conservarse y destruirse”.(p.62)

Y explicarnos como colombianos también conlleva considerar los orígenes y herencias culturales, étnicas y religiosas, que confluyeron desde la llegada de los conquistadores. Las disímiles condiciones de vida que experimentaron indígenas, españoles, criollos y afrocolombianos, generaron tensiones, conflictos y dinámicas cuyas consecuencias hoy pueden apreciarse. A las consiguientes visiones y fuerzas encontradas se sumó el influjo de las ideas de la ilustración, la declaración de los derechos del hombre y el espíritu de emancipación del imperio español que derivó en batallas y luchas de poder desde la independencia hasta la fecha.

La natural tensión y crisis de la época de la colonia y la recepción de ideologías modernizantes, se manifiesta en el personaje de la novela de Germán Espinosa, La Tejedora de coronas, declarada por la Unesco Patrimonio de la humanidad. Se trata de Genoveva, personaje de aventura utilizado para traspasar una vida individual y a través de ella referirse al tiempo y a la situación existencial de una colectividad. Ella es una joven criolla que inicia su vida pasando de la Arcadia feliz, a la tragedia de la profanación de su cuerpo durante el sitio a Cartagena, modificándose para siempre su vida y la de su joven enamorado. Su exilio en tierras extrañas la proyecta hacia un devenir histórico por su relación con las ideas de la ilustración, los descubrimientos de la época y los protagonistas de estos acontecimientos. Perdido su centro, a Genoveva le es extraño tanto el mundo ilustrado, como su mundo original y sombrío del cual se aleja sin desprenderse. A su retorno ya anciana, es juzgada por la inquisición y es desde allí donde se inicia el soliloquio que como un péndulo, va de un tiempo a otro, de un lado al otro lado. Se desprende de tales vivencias, efectos tales como, inestabilidad, crisis, ambivalencia, tensión y transformación de un personaje o un pueblo inmerso en procesos históricos. Otras tantas novelas nos hablan de la sensibilidad de una época o generación, donde se reconoce el modo de vida de las regiones, los lugares o la mentalidad de una comunidad.

Ante una naturaleza rica y diversa como telón de fondo, los colombianos también nos leemos y nos reconocemos en los paisajes del territorio y las regiones a las que pertenecemos, orgullosos de todo aquello en que se destacan: su música, sus artistas, sus obras, su gastronomía, sus gentes. La cuestión de leernos como nación está en comprender la condición de ser colombiano, más allá de ser “un acto de fe”. La nación se sobrepone con su voluntad y el trabajo de sus gentes de bien, a la complejidad de su historia y de sus conflictos, en procura de mejores estados de convivencia, justicia y desarrollo.

Referencias

La nueva novela hispanoamericana. Carlos Fuentes. 1969, Editorial Joaquín Mortiz, S.A. de C.V., Editorial Planeta Mexicana, S.A. de C.V.

La tejedora de coronas. Germán Espinosa. Montesinos Edición propiedad de Literatura y Ciencia, segunda edición.

Imagen: https://bit.ly/2JubeuS

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