SOS por Cali

«(…)si la población no colabora guardando la cuarentena, entraremos en una crisis sanitaria de proporciones insospechadas.»

La sevicia del coronavirus está comenzando a mostrarse en esa ciudad. Ya tenemos indicadores muy preocupantes en contagios y víctimas. Lo descorazonador, sin embargo, es que la indisciplina social, las costumbres familiares, el hacinamiento, la pobreza y el arribo por vía terrestre de viajeros infectados están preparando una tormenta perfecta, capaz de reproducir la tragedia de Guayaquil o de cualquier ciudad del norte italiano.

La semana pasada un mensaje adolorido y realista del alcalde Ospina puso el dedo en la llaga: si la población no colabora guardando la cuarentena, entraremos en una crisis sanitaria de proporciones insospechadas.

Es de justicia reconocer los esfuerzos efectuados por la administración local para controlar la epidemia. Además del fortalecimiento de la red hospitalaria, se cuenta hoy con una cartografía de los sectores contaminados. Tal circunstancia unida a la designación de responsables de zona y a la creación de ‘guardianes sanitarios’, hace posible establecer barreras epidemiológicas y robustecer la estrategia de contención. En paralelo se viene trabajando para brindar seguridad alimentaria a los necesitados.

Hay sin embargo asuntos en los cuales no bastan las buenas intenciones, su solución corresponde al Gobierno Nacional. Me refiero por ejemplo, al necesario cerramiento de la frontera sur de municipio y a la disposición de suficientes kits de pruebas.

Jim Yong Kim medico epidemiólogo y expresidente del Banco Mundial, afirmaba hace unos días en The New Yorker que los virus y bacterias son enemigos persistentes, no desaparecen espontáneamente y solo pueden ser derrotados mediante un plan de ataque vigoroso. Tal plan además del lavado de manos tendría que considerar cinco armas: distancia social, incluyendo el uso generalizado de tapabocas; pruebas de laboratorio; monitoreo de enfermos y contactos; aislamiento selectivo y tratamiento médico. Según Jim Yong el conjunto de estas prácticas explicaría el éxito para combatir la epidemia en Corea, Singapur, Taiwán, Hong Kong, Alemania y Australia.

La estrategia supone grandes erogaciones para la obtención de implementos y equipos, instalaciones hospitalarias, sistemas de rastreo, etc. La alternativa a este proceder es el aislamiento generalizado e indefinido que hemos aplicado aquí. Pero esa práctica tiene efectos limitados en el tiempo y entraña impactos económicos mucho mayores al paralizar la capacidad de producción, detener los mercados, sacrificar empleos e ingresos y desatar la zozobra social. La cuestión de fondo es que toda epidemia representa una tragedia colectiva cuyos costos alguien tiene que asumir. Dada la magnitud de las cifras involucradas ese alguien solo puede ser el Estado central.

Cali, que a la fuerza ha debido recibir las víctimas, desplazados y migrantes del Suroccidente no tiene por ahora otra alternativa que mantener el aislamiento, en especial el de los grupos vulnerables. Esto demanda pedagogía y ejercicio de autoridad eficaz. Pero deben crearse las condiciones para una apertura pronta, lo cual significa aplicar las cinco armas mencionadas atrás.

Dadas las condiciones financieras de la ciudad, tal empeño implicaría el aporte del gobierno nacional y la construcción de una gran alianza entre el municipio y el sector privado. Ojalá el Alcalde Ospina pueda avanzar en ese sentido.

Imagen: https://bit.ly/3f9rBKN

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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