Soluciones lógicas a la inseguridad

Las tasas de homicidio en Colombia han bajado en las últimas décadas. Sin embargo, los índices siguen muy altos: el país está alrededor de 27 por cada cien mil habitantes, y Cali y Palmira por encima de 50. El promedio mundial según Naciones Unidas es 6, los de Europa y Asia 3, los de algunos países muy pobres, como Madagascar y Burkina Faso inferiores a 1, y los de países en guerra, como Sudán del Sur y la República Democrática de Congo son inferiores a 15. El de EE.UU. es casi 5, y los países nórdicos están en 1 o menos.

La guerra de la coca es importante en nuestro caso, como en El Salvador, cuyo índice es superior a 100; Honduras, por encima de 60, y Guatemala, por encima de 30. Además, nuestras instituciones públicas son de muy mala calidad en general, y eso se refleja también en la gestión de seguridad.

Así, la policía cambia al comandante de la Metropolitana de Cali cada año para evitar que se corrompa; esa lógica hace imposible poner en práctica una estrategia consistente de mediano plazo; quien llega se toma el año en conocer la situación, y en eso se va el año.

Mientras tanto, el jarillón está invadido, pero hay que resolverles la vida a los ocupantes, a expensas de grave riesgo para todos los ciudadanos.

De otra parte, en todo el país abunda la minería ilegal y la Policía no actúa ante el delito flagrante: supone que lo pueden hacer las corporaciones autónomas regionales, una por departamento, cuyas destrezas en el despliegue de fuerza para reprimir los hechos son muy limitadas, y cuyo gobierno corporativo está desarticulado con el Ministerio del Medio Ambiente.

En las ciudades se ven los agentes haciendo chatting en sus teléfonos, mientras la violencia nos devora.

El problema de Colombia en materia de seguridad es aterrador: la Justicia penal es ineficaz, las personas con responsabilidades en la gestión pública no son transparentes y abunda la mermelada, el gobierno no parece tener estrategias para ocupar la periferia tras los acuerdos con las Farc, las barriadas de las ciudades están llenas de fronteras invisibles, y no se reconoce lo que todo esto significa. 

La solución es evidente. El punto de partida es admitir las realidades, para proceder a actuar. Se requiere la combinación de todas las formas de lucha, desde el ejercicio de persuadir a los EE.UU. de que la prohibición nos perjudica a ellos y a sus súbditos, hasta repensar la naturaleza de la Policía, refundida en las Fuerzas Armadas, y rehacer la Rama Judicial.

A grandes problemas, grandes soluciones. Si el Congreso no es capaz de hacer la tarea de reformar la Justicia, él debe ser sujeto de reforma. Sin ejercicio efectivo del monopolio del poder coercitivo del Estado no es posible superar las barreras que impiden la construcción de armonía social, requisito para lograr la verdadera prosperidad.

Como no hay partidos políticos de verdad, un paso necesario es establecer un umbral del orden de cinco por ciento para su presencia en el legislador, y asignar responsabilidades efectivas por la administración pública a los políticos profesionales. Eso es más fácil que sobrevivir con el sistema actual.

¿Por qué no proponer lo lógico, señores candidatos?

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

* Imagen extraída de: http://www.colombialegalcorp.com

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