Sigifredo Satizábal para siempre

«la muerte hace que el amor sea perpetuo».

En desarrollo de mi trabajo en la Universidad Javeriana, la semana pasada estuve participando como panelista en un conversatorio llamado “Duelo: el inicio después del final” en el cual se describieron asuntos conceptuales generales, además de algunas recomendaciones para el afrontamiento. Entre las ideas que revisé y compartí, está una que me gustó mucho, la cual indica que el duelo es el intento que hacemos para restituir la continuidad que se vio truncada tras una pérdida significativa. La continuidad nos remite a querer hacer permanente lo deseable, lo que nos genera placer, lo que le da sentido a la vida. Por ello, no hay nada más ensordecedor que perder a un ser querido, pues en los vínculos, muy especialmente con los miembros de nuestra familia nuclear, hemos tenido la oportunidad de experimentar el refugio existencial que día a día estamos buscando, consciente o inconscientemente. El psicólogo Erich Fromm diría que la búsqueda de ese refugio tiene como propósito apaciguar nuestra angustia por la separatidad, es decir, por la separación a la que nos sometemos en el inicio de nuestra vida al nacer. El amor, el abrazo, el beso, el saludo, la mirada, un café, un mano son las gotas de bálsamo que calman esa herida fundamental.

Pensar en este tema que es transversal a la vida y tan frecuente en este país, es algo frente a lo cual es imposible salir ileso. Personas amadas las he visto partir, por razones naturales o a manos de otro hombre. Dolores distintos e intensos. Aun así, como una premonición, fue el aviso no solo de una pérdida para alguien muy importante para mí, mi amiga Katherine Satizábal, sino una pérdida para la ciudad. Al otro día partió Sigifredo Satizábal, padre de mi amiga, quien fue decano de Ingeniería de la Universidad Autónoma de Occidente, además de ser un ciudadano activo, militante de causas ciudadanas y muy especialmente de la educación.

Uno de sus aportes relevantes fue ser uno de los fundadores del movimiento Compromiso Ciudadano en el Valle. Lo recuerdo activo incluso desde la campaña de 2010 cuando finalmente Fajardo se alió con Mockus para dar paso a la Ola Verde. Según me contó uno de los militantes en el Valle, en los años siguientes, Sigifredo se dedicó a liderar temas programáticos, contribuyendo a impulsar la escuela de formación política y su centro de pensamiento. Siempre fue reconocido por ser empático, afable, de “lavar y planchar”, listo para tirar línea, pero también dispuesto para repartir volantes si fuera el caso. Eso le valió el afecto de todos, incluido del propio Sergio, quien sin reparo se pronunció: “Se murió un amigo (…). Un colega profesor, sencillo, noble, profundamente humano, cariñoso y comprometido. Un amigo de la vida (…). Nos hará mucha falta. Acompañamos a su familia en el dolor y la tristeza.” (https://twitter.com/sergio_fajardo/status/1270526664376758272)

Por otro lado, sería injusto que yo no hiciera una memoria propia de mis encuentros con él. Cuando inicié mis estudios en psicología, conocí a Katherine. Su casa se convirtió en un espacio y por momentos un hogar para nosotros sus amigos y amigas. Cercano, formal, tierno, con sentido del humor, amoroso. Generoso, más que con las cosas, con su presencia. Junto con Fátima, su esposa, siempre en silencio nos transmitieron amor por el saber. Seguramente pocos lo saben, pero está presente en la vida de muchos, pues fue un protagonista del desarrollo de la gran universidad que es la Autónoma.

A mi amiga adorada, Katherine, con el corazón arrugado a más no poder, le deseo el temple, el regocijo y la resiliencia suficientes para continuar. Espero que, en el abrazo de tu hijo y tu esposo, no solo encuentres calma, si no el sentido mismo de la vida tras esta pérdida. Así como después del tercer día, seguramente podrás encontrar vacía su tumba. Ahora está en los atardeceres, en el silencio, en el abrazo de tu familia y muy especialmente en tu ser. Tu rectitud incorruptible como un cedro, no es más que la trascendencia de tu padre, ahora refugiada en tu vida y en la vida de quienes él ayudó a transformarse. Viene la máxima prueba de amor. Como diría nuestra amiga Carolina Gómez, “la muerte hace que el amor sea perpetuo”.

Imagen: https://bit.ly/2N63dx8

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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