• Lo público es demasiado importante para dejarlo en manos de oportunistas y politiqueros

SEGUNDA VUELTA PRESIDENCIAL: ENTRE TRIBULACIONES, PERPLEJIDADES E INCERTIDUMBRES

Tales son los estados de ánimo y las inquietudes que predominan ante la proximidad de la segunda vuelta presidencial. Aparecen en las conversaciones, las columnas de opinión, las redes sociales, los programas de radio y televisión. Es un clima de preocupación y exasperación apenas comparable con el miedo y la incertidumbre que provoca Hidroituango. Queda la sensación de que nuestras vidas están expuestas a resultados impredecibles y que apenas somos espectadores pasivos, sin que podamos hacer nada para definir nuestro futuro. De hecho, esa sensación apocalíptica está presente en las consignas de ambos candidatos. Duque promete “Un futuro para todos” y Petro “Una Colombia Humana”. Pareciera que sin ellos estuviéramos condenados a no tener futuro o ser menos que humanos. Eso nos causa enormes tribulaciones, perplejidades e incertidumbres, pues ambos juegan un rol equívoco y peligroso en la política. El rol de mesías y salvadores, a quienes hay seguir ciegamente. Duque promete llevarnos, cual Moisés, a la “tierra prometida” y Petro hará que seamos humanos. Esa es la falsa disyuntiva que plantean consignas tan generales y  emotivas.

EL FUTURO Y LA HUMANIDAD SON NUESTRAS, NO DE DUQUE NI DE PETRO

Pero ni el futuro ni nuestra humanidad dependen exclusivamente de que votemos por Duque o por Petro. Nuestro futuro y nuestra humanidad dependen, en primer lugar, de nosotros mismos y de nuestras decisiones, de nuestra responsabilidad común por forjar una Colombia donde todos nos reconozcamos con las mismas posibilidades y derechos para  poder vivir dignamente. Es decir, de recuperar y defender lo público, que empieza por  conservar la portentosa biodiversidad que tenemos y continúa por afirmarnos en nuestra maravillosa pluralidad étnica y sociocultural, que nos enriquece como Nación. Y para que lo público nos convoque y reconcilie, necesitamos reconocernos como ciudadanos iguales, sin exclusiones ni jerarquías políticas, religiosas, raciales, de clase o sexuales. Sólo así resolveremos nuestros conflictos y diferencias políticamente, sin violencia, en forma legal y constitucional.

Precisamos comprender, vivir y ejercer la política como una controversia civilizadora y no como una confrontación mortal entre “ciudadanos de bien” que excluyen, eliminan, encarcelan y extraditan a los “ciudadanos del mal”. Como si la política fuera un juego de suma cero, que se agota en el triunfo de la derecha sobre la izquierda o viceversa, de los “buenos” sobre los “malos”, en lugar de ser un juego de suma positiva donde todos tenemos derecho a la vida, la igualdad de oportunidades y la pluralidad de valores, creencias e identidades.

Ya es hora de abandonar para siempre la política como guerra; la política como la expropiación de lo público en beneficio de lo particular y de la propia familia; la política como relación clientelista entre un “Doctor” y un elector cautivo; la política como el gobierno de los de “clase” sobre los “mestizos, negros e indios”, en fin, del país político sobre el país nacional, como lo denunciaba Gaitán. Es la hora de pensar y actuar como ciudadanos libres y soberanos, que votan sin miedo y sin odio, que se comprometen con la defensa de lo público y la legalidad, pues sin ello jamás podremos forjar una paz estable y duradera.

Dejemos atrás los roles de victimarios y víctimas, que empieza por el reconocimiento de la verdad y de las responsabilidades de todas las partes que cometieron crímenes de lesa humanidad, unos en nombre de la “justicia social” y otros en nombre de la  “democracia” y la propiedad, sin miedo a perder el futuro. Es la hora de empezar a reconocer nuestra común humanidad y colombianidad.

Por eso mi voto el 17 de junio será por una Colombia más humana, una Colombia que es responsabilidad de todas y todos, no sólo de patricios ubérrimos, duques o plebeyos, sin exclusiones sociales ni revanchas carcelarias, con verdad, justicia transicional, reparación y no repetición. No más víctimas irredentas, sin verdad, y mucho menos victimarios intocables e impunes, sin ninguna responsabilidad. No más cinismo criminal.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

* Imagen extraída de la página semana.com

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

1 Comentario

  • gfonsecab
    Excelente columna, Dr. Llano

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