Saber y poder

Lo acertado para cualquier institución es entregar el poder, entendido como la capacidad para tomar decisiones que afectan a todos sus miembros, a quienes tienen mejores elementos para decidir. Sin embargo, no es fácil lograr consenso sobre cómo se debe organizar la estructura de poder. Puede haber discrepancia sobre cuántas personas debe haber en la instancia determinante, cuál debe ser el perfil de esas personas y cómo deben relacionarse entre sí y con todas las demás personas vinculadas a la institución, y sobre cómo definir los valores que deben inspirar la conducta y juzgar el cumplimiento del deber al tomar decisiones. La respuesta a estos interrogantes depende de la institución específica y de las circunstancias. Hoy la situación del mundo obliga a pensar de nuevo lo público del planeta entero de manera prioritaria.

En el último cuarto de milenio ha habido una verdadera revolución de lo humano, cuyos resultados prácticos incluyen doblar la expectativa de vida, multiplicar la población por diez, y aumentar la productividad en forma antes impensable. Las dos guerras en la primera mitad del siglo veinte, cuyo balance neto fue más de sesenta millones de muertos, impulsaron reglas formales desde la perspectiva de Occidente, con fundamento en derechos humanos, para no repetir la experiencia, pero sin consistencia en la práctica y sin poder coercitivo efectivo. La globalización, por su parte, trajo enormes beneficios económicos al mundo, pero también fracturas sociales sin precedentes, cuyas manifestaciones concretas han desprestigiado la validez de la tolerancia como regla de conducta universal. Además hay serios indicios de que la desigualdad es creciente y evidencias contundentes de que el deterioro ambiental exige atención prioritaria.

Ante la complejidad de las tareas y el valor práctico de las oportunidades derivadas de la ciencia y la tecnología, no tienen sentido gobiernos unipersonales como máxima instancia: la tarea requiere las naturales discrepancias entre personas de elevada calificación personal y profesional, y la obligación de rendir cuentas. El proceso público exige, además, impartir a toda la población la educación necesaria para que se pueda evaluar en forma representativa la gestión de quienes detentan el poder. Para el propósito de administrar no son los más idóneos quienes tienen más información, sino quienes pueden participar de manera más efectiva en los procesos decisorios con ejercicio equilibrado de autoridad y con disposición a evitar el exceso de tiempo en el poder.

Por supuesto, la formación y la experiencia son muy importantes para la tarea, pero también son indispensables la capacidad para impulsar la innovación y el sentido crítico, que se pierde de forma inevitable con el paso del tiempo abordo de los órganos de gobierno de cualquier institución. Si la solución óptima es con cúpula plural, la idoneidad de un miembro no se puede juzgar sin considerar quiénes son los demás, y la de todo el equipo dependerá de la coyuntura específica, pues distintos momentos exigen diferentes soluciones. Por esta última razón es indispensable una gran dosis de modestia en el poder. Así, la integración internacional es necesaria para dar mejores soluciones a los problemas globales, pues muchos países no tienen las condiciones apropiadas para el mundo de hoy. pero requiere sacrificar aspiraciones individuales.

Columna: https://bit.ly/2wbQEI2

Imagen: https://bit.ly/2HLwBFU

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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