Rodolfo, una revolución necesaria

Desde hace años la esfera pública de este país viene agobiada por los torcidos, las maturrangas y los abusos. Las reformas tributarias se han vuelto continuadas e inútiles, alimentan el pulpo de una burocracia clientelista cuya voracidad es insaciable.

A pesar de los avances del pasado hoy vivimos un desastre social e institucional. Millones de colombianos están en la pobreza o la miseria; miles de niños no reciben su ración; incontables adultos mayores no tienen el mínimo vital. La educación básica es mediocre; las calles se han vuelto mataderos; la justicia cumplida es inexistente; las regiones están sin esperanza, al arbitrio de las bandas armadas. Ante la indiferencia del Estado la paz es un cuento chimbo. Tras el desastre están ciertos oficiantes de la política tradicional quienes trabajan solo para su propio beneficio.

Teniendo como fondo la situación descrita aparece un Rodolfo Hernández lúcido y vital, presentando propuestas orientadas a eliminar los gastos superfluos que nutren las maquinarias politiqueras. También promete incrementar de inmediato los recursos para atender la emergencia social; restablecer relaciones con Venezuela, e incluso retomar el proceso de paz y las conversaciones con los grupos alzados remanentes. A diferencia de su contrincante el bumangués está comprometido con el juego democrático, las libertades individuales y la economía de mercado.

Rodolfo busca un Estado bien administrado, capaz de satisfacer las necesidades básicas y llegar a las regiones. Un Estado en el cual existan condiciones para que la gente pueda generar riqueza y el imperativo no sea repartir miseria. La reforma fiscal tendrá que hacerse pero para que sea eficaz antes debe ponerse en orden la casa. En resumen, una manera de gobernar distinta a la que hemos tenido y Petro desea perpetuar.

Son las prebendas indignantes de las maquinarias politiqueras y de quienes las representan; es su contubernio con las entidades de control; es la contratación directa y la gestión mediocre que practican, las responsables de que a pesar de los nuevos tributos la distribución del ingreso no mejore. En esencia se trata de un conflicto entre los ciudadanos de diferentes estratos que se esfuerzan produciendo, creando oportunidades, y unos oficiantes de lo público con mente extractivista que quieren continuar la fiesta con la plata ajena.

El candidato del Pacto Histórico leal a su modelo burocrático-parasitario de izquierda radical que representa al pasado, entra exigiendo más recursos para un Estado fallido. Por eso se rodea de politiqueros que entre escándalo y escándalo han logrado medrar en la vida pública. Son individuos que ven normal el manejo de efectivo en chuspas, morrales y maletines. ¿Acaso se trata de evitar el control sobre el origen de sus dineros? ¿Acaso se quiere eludir el cuatro por mil que esos mismos sujetos imponen al resto de colombianos? Esto se llama política sin ética. Todo lo contrario de aquello que el presidente López Obrador de México presume sobre Petro y sus compadres.

Desde hace mucho he escrito sobre la necesidad de que Colombia tenga una segunda oportunidad, una nueva revolución de independencia frente a los politiqueros poderosos y torcidos. Por coherencia daré mi voto a Rodolfo y Marelén, porque encarnan un anhelo de cambio que infinidad de colombianos compartimos.

 

Columna recuperada del Diario El País

Foto: José Torres para El Universo 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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