Renacer

El avance de una pandemia mundial observado por primera vez en tiempo real concita tanto miedo como reflexiones. Como nunca antes, se hermana la gente de las distintas latitudes. El enemigo común e invisible ha zanjado diferencias e igualado a los hombres en su fragilidad.

Se está librando una batalla universal única, de todos a una, como en Fuenteovejuna. En el campo de guerra va quedando desolación por las víctimas y  una economía descuadernada. Sin embargo, la solidaridad y la esperanza brilla más allá de las largas noches y días de calles desiertas sumidas en el silencio. Se anhela un renacer luminoso rico en lecciones aprendidas para no olvidar.

Se aprendió acerca de la necesidad de un timonazo al modo de vida hacia la utilización racional de los recursos por parte de todos y cada una de las personas, gobiernos y organizaciones. El relacionamiento del hombre con la tierra y con los otros ha perdido el hilo conductor por ilimitadas ambiciones, en detrimento de la atención de las necesidades de la ciencia y la economía para la preservación del planeta y de la salud. El asunto ahora es que superados los días críticos, persista en nuestra memoria la lección y los factores que nos han colocado al borde del abismo.

Con otra forma de vida y objetivos precisos se cumpliría el significado de una de las palabras considerada entre las más bellas palabras, por lo que envuelve: renacer.  En torno al renacer se extiende el mito del ave Fénix – con distintos nombres o versiones en cada cultura – como símbolo universal de la capacidad de resurgir de la muerte a la vida. Esta criatura mitológica resurge transformada desde sus cenizas para iniciarse en otra realidad. Es el poder que tiene la inteligencia de transformarse luego de las dificultades.

Es comparable con el fuego que consume al ave Fénix que habrá de renacer, el avance surrealista del enemigo en las superficies. El miedo a tocar y al contagio enerva y consume energías, pero en el fondo aprendemos que la paciencia y la disciplina colectiva donde cada persona pone su cuota, puede llevarnos a feliz puerto. De cada quien depende no olvidar las lecciones y debidas prácticas para resurgir de verdad.

Preservar la memoria, tan importante pero tan esquiva cuando nos seducen objetivos  más atractivos e inmediatos, es la esperanza. Con el antropocentrismo por el mal entendido sobre el texto acerca de la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios, el hombre se creció en su orgullo, olvidó lo esencial y se creyó invencible en sus más osadas metas, capaz de volar muy alto. Actúa el hombre como el águila de la poesía “El águila y la hoja” del nicaragüense Santiago Argüello (1871-1940), que soberbia se tiende en la nube y se ufana de su grandeza y su vuelo: “Como yo nadie sube, como yo nadie sube (..)”. En clara lección la hoja seca advierte: “¡Cobrad ánimo estultos! ¡ No desmayéis, babiecas! Que si en la tierra un loco viento se arremolina más alto que la águilas, suben las hojas secas”.

Imagen: https://bit.ly/2xuqVi6

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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