Reglas de Juego Elecciones

En el tema de Odebrecht y las campañas presidenciales en Colombia nos podríamos quedar en la discusión de cómo desde el uribismo han aprovechado para atacar a Santos por recibir de forma irregular recursos, cuando esta firma brasileña tenía fluidas relaciones con el Gobierno Uribe. Al final de cuentas, son los dos candidatos del expresidente, Santos y Zuluaga, los receptores de las sumas considerables aportadas por la constructora. Ni hablar de Ordóñez, el exprocurador general, que hoy convoca a una marcha contra el establecimiento, ese mismo que lo eligió a él de forma irregular por segunda ocasión y del cual se valió para beneficiar a sus círculos políticos cercanos. Pero no, de esta discusión no saldríamos y más bien nos aleja de lo relevante. En últimas, esto demuestra que es un error buscar baluartes de la moral y de la rectitud en la política. Parece que el problema en Colombia es el respeto por las reglas de juego y en lugar de buscar impolutos dirigentes, deberíamos preguntarnos cómo tener dirigentes que cumplan la norma y velen por ella.

En Colombia, la Organización Electoral ha establecido topes de financiamiento de campañas y pautas de rendición de cuentas que, en la práctica, pocos candidatos respetan. Sin duda, uno de los grandes retos que tenemos enfrente es cómo diseñar mecanismos que mantengan a las campañas electorales alejadas de las influencias de los grupos de presión, influencias que se cuentan en dinero y compromisos adquiridos por parte del candidato. Lo que es cierto es que el asunto Odebrecht demuestra que las campañas son fácilmente permeables por dineros provenientes de grupos con intereses fuertes que tienen una clara intención de cobrar favores en el futuro. Y ante eso, los sistemas de cuentas claras de las campañas han quedado en evidencia: no funcionan.

Una de las ideas es que se llegue al financiamiento de campañas con recursos públicos, lo cual no deja de ser un asunto debatible toda vez que no garantiza que exista manejo transparente de los recursos y, quizás, se convierta en un elemento que restrinja a los candidatos. Además, supone una carga fiscal elevada y parte del hecho que existen partidos fuertes, lo cual es un supuesto equivocado. Pertenecer a un mismo partido no garantiza la cooperación entre sus integrantes. Así las cosas, ¿hacia dónde podemos caminar para garantizar que las campañas políticas no se conviertan en semilleros de corrupción? Lo primero es dejar de pensar que necesitamos un candidato baluarte de la moral, porque no lo encontraremos: necesitamos es un político que respete las reglas de juego.

En segundo lugar, ¿qué reglas de juego necesitamos para campañas transparentes? Un mecanismo mixto de recursos públicos y aportes privados con más restricciones a la hora de hacer aportes podría ser una idea, tomando un poco lo que ocurre en los Estados Unidos; la idea de permitir comités promotores independientes de las campañas, con capacidad de recoger fondos en favor de un candidato sin que exista concierto, acuerdo o trabajo coordinado con su campaña. En este sentido, se trata de ciudadanos que expresan su favorabilidad por un candidato, cuentan con capacidad de recaudar fondos y gastarlos de forma independiente. Desde las autoridades, el reto es enfocar en estos comités los mecanismos de monitoreo y vigilancia necesarios, sumado a estrictas reglas de donación (no permitir donaciones de contratistas del Gobierno, por ejemplo).

Aquí se pueden considerar múltiples alternativas que mejoren las reglas de juego y los incentivos para respetarlas. El escandalosos capítulo de Odebrecht nos plantea algunas reflexiones en torno a la necesidad de fortalecer las instituciones en Colombia. Resulta inoficioso pensar en un candidato anti-establecimiento que sirva de ejemplo de moral y rectitud; desde la dimensión de lo humano, parece más adecuado pensar en reglas de juego que restrinjan las conductas oportunistas. En últimas, lo que necesitamos es políticos que respeten la ley y el orden.

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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