• Lo público es demasiado importante para dejarlo en manos de oportunistas y politiqueros

¿Quién tiene la culpa?

“Una y otra vez, llegamos a la misma conclusión: que la manera más eficaz de ver la ética presente en las campañas es contar con un público crítico y atento” Lourdes Martín Salgado (2002)

Una y otra vez escuchamos que los políticos son unos manipuladores, mentirosos, que engañan a la gente mediante estrategias de mercadeo sofisticadas. Asumen quienes esto dicen que los seres humanos somos volubles, manipulables y fáciles de engañar. Así, escuchamos propuestas que piden imponer límites, a veces ridículos, al ejercicio persuasivo de las campañas políticas. Estas posturas asumen que si controlamos lo que se puede decir y cómo decirlo, la gente tomará mejores decisiones. Además parte del error de creer que las cosas son un problema de ley, que los políticos serán mejores sí tenemos leyes que los hagan comportarse mejor.

Vamos por partes. Primero, este tipo de pensamiento pone la decisión de los votantes exclusivamente en los mensajes los candidatos. Como si quienes toman la decisión de votar fueran recipientes vacíos, sin ningún criterio. Segundo, asumen que los candidatos están obligados a informar y no a persuadir, olvidan que es una campaña y su objetivo es ganar, no están obligados a dar la toda la información. Tercero, creen que las otras partes de la sociedad, no tienen o asumen ninguna responsabilidad, los medios no tienen nada que decir, o los ciudadanos son unos seres vacíos e irresponsabilidades, incapaces contra los malvados mensajes que envían los políticos.

De esta manera, medios y ciudadanos asumen la más fácil: todo es culpa de los políticos. Preocupante, pues esta actitud, se da a esos que tanto se critica y odia, un poder excepcional. Me explico. Una sociedad crítica, informada y preparada para el cumplimiento de una ciudadanía consciente, unos medios de comunicación plurales, abundantes, críticos y trasparentes, constituyen la principal barrera para la corrupción, el engaño y la mentira en el debate político. Al aceptar que todo es culpa de los políticos, estamos renunciando a nuestra propia responsabilidad y derecho a elegir e imponer condiciones sobre quienes elegimos.

En el mercado de los votos, somos los votantes los llamados a imponer barreras y límites a quienes ofrecen sus propuestas. Es falso que no hay como defenderse de la manipulación, de los intentos de engaño.

Si queremos mejores políticos, no necesitamos mejores normas que castiguen a los malos. Esta parece la posición del presidente Santos o la consulta popular propuesta por la senadora Claudia López. Creen que el problema es un asunto de reglas formales. Lo que necesitamos son ciudadanos educados, preparados para ejercer a cabalidad su deber de elegir, reclamar y protestar. Un sistema educativo que ubique la formación de buenos ciudadanos en su eje central y no como una cosa complementaria para los bichos raros que les gusta la política.
 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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