Que caleños tan chimbos

El título de este escrito es lo que nuestros descendientes pensarán  de quienes  hoy en día habitamos a Cali. El juicio de la historia caerá sobre nosotros si seguimos evadiendo las medidas inaplazables requeridas en el frente medio ambiental; si a los hijos de nuestros hijos les dejamos un entorno de porquería.

Nos ufanamos de la diversidad de aves y de las alamedas arborizadas, pero no registramos los cerros tutelares cada día más pelados y resecos; tampoco realizamos que en muchos sectores el ruido es agobiante, impacta la vida emocional de los moradores y acarrea graves problemas de convivencia.

Peor aún, no percibimos el deterioro persistente de la calidad del aire local, una realidad inaceptable porque gracias a nuestras brisas deberíamos tener las mejores condiciones del universo para respirar. Tampoco hemos tomado conciencia de los rellenos sanitarios repletos de metales pesados y lixiviados; ni de los cauces plagados de plásticos asesinos capaces de matar todas las formas de vida. Adiós para siempre a nuestros siete ríos convertidos en cloacas inmundas.

En estas circunstancias la Alianza Verde representada por el alcalde Jorge Iván Ospina y sus copartidarios elegidos al Concejo Municipal, tienen la responsabilidad de dejar una huella transformadora y duradera. El asunto debe reflejarse en el nuevo plan de desarrollo e implica  la reforma y fortalecimiento del Dagma, para convertirlo en organismo eficaz.

Afortunadamente las noticias permiten pensar que la nueva administración se comprometerá en esta tarea. A tal conclusión se llega al registrar las acciones anunciadas por Ospina para el salvamento del río Pance, y  el reclamo de los predios del antiguo Club San Fernando.  Guste o no el estilo del funcionario, la sustancia es que Cali no puede permitir el deterioro continuado de uno de sus afluentes sagrados, y necesita el  espacio del Club para dotar de un pulmón verde su centro sur. Importante eso si es que los procedimientos se adelanten con plenas garantías a los derechos de los involucrados.

Ahora bien, la actitud del alcalde ante la SAE, Sociedad de Activos Especiales, propietaria actual del San Fernando, expresa la voluntad de replantear el relacionamiento entre Cali y el Estado central. Este cambio es necesario porque la ciudad tiene la carga de acoger a cientos de miles de desplazados y víctimas provenientes de todo el sur occidente, recibiendo como pago la indiferencia bogotana. Ni siquiera una sede digna para la Fiscalía nos han dado a pesar de que aportamos el terreno. Ni siquiera nos ayudaron al intervenir a Emcali y nos devolvieron una empresa destartalada, sin sus problemas estructurales resueltos.

En esto sin embargo se debe actuar con sindéresis. Aunque la displicencia capitalina fue constante del pasado, también es verdad que en el actual gobierno nacional se percibe una disposición diferente, tal y como lo reconociera el ex alcalde Maurice Armitage.

Otra señal positiva en cuestiones medioambientales es la prohibición del los plásticos de un solo uso decretada por la Gobernación del Valle en sus actividades, y el proyecto de acuerdo en igual sentido presentado por  la concejal María Isabel Moreno. ¿Que tal si nos uniéramos ciudadanos de Cali y ediles jóvenes para exigir la pronta aprobación de una legislación integral en la materia por parte del Congreso?

Imagen: Augusto Ilian.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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