Punto de quiebre

Ciertos comportamientos humanos intrigan y mueven a escritores a remontarlos descubriendo los abismos y enigmas que los envuelven. Algunos autores de novelas logran en un trasfondo poético seguir la huella de quienes se hallan en un proceso de desarraigo de su mundo ó en orfandad. Estos autores no juzgan ni escriben con pretensiones morales o psicoanalíticas, sino que despliegan con maestría una narrativa sobre dimensiones de una existencia compleja y dolorosa.

Es el caso de la reciente novela de Piedad Bonnett en Donde nadie me espere. Desde el título de la obra se intuye una voluntad de separación de vínculos afectivos o sociales. Ir a ese lugar, significa una huida con la cual puede identificarse cualquiera que en situaciones agobiantes piense en algún momento -así sea con el solo deseo – en partir hacia una cálida isla, lejos de exigencias o situaciones dolorosas, con la esperanza de poner fin a su desasosiego.

A los treinta y un años Gabriel ha culminado sus estudios de filosofía y en algún momento, huye del mundo y de sí mismo en busca de libertad y soledad: “Dicen que la soledad es perfecta para pensarse. Pero yo de lo que quería huir era del pensamiento, por lo menos durante un tiempo. Corrijo: del pensamiento sobre mí mismo” (p.137). Es él quien inicia el relato cuando es rescatado por una mano amiga; luego va hacia atrás en fragmentos del pasado y su descenso hacia la autodestrucción. No se trata de un personaje que cae en la drogadicción, ni en mendicidad absoluta, sino de una resistencia. Al borde del abismo mantiene su dignidad y cordura, enfrenta las críticas circunstancias de la realidad colombiana, mas no el motivo esencial de su padecimiento. Su madre y su hermana han muerto, su padre es depresivo y hay un episodio significativo que el lector habrá de descubrir, el cual marcaría su alma y sus manos. Al final se abre una puerta para la recuperación.

Siempre habrán alternativas o recursos a los cuales apelar ante las pruebas que trae el destino o el azar. El arte del dibujo, la escritura o la novela bajo cualquier circunstancia, pueden ser caminos para la salvación y la búsqueda del tiempo perdido a través de los recuerdos. La muerte del padre  y la madre, la fugacidad de la vida y de una época que se fue, son motivo de duelo y dolor.  Así sucede en Ordesa de Manuel Vilas, obra conmovedora, en esencia autobiográfíca. El título corresponde a “un estado mental que es un lugar: Ordesa. Y también un color: el amarillo (..) el dolor es amarillo, eso quiero decir” (p.11).

Vilas busca en los recuerdos verdad y amparo para su orfandad. Sin recato recupera la vida de sus padres fallecidos y su época. Ellos dan fundamento a su existencia, en especial su padre, sus fantasmas le acompañan cada día en sus pensamientos. Su memoria ha grabado las cosas que rodearon la vida de ellos,  sus modos de ser, los momentos vividos, las conversaciones. En sus padres se reconoce a sí mismo. Y están también los enigmas y los interrogantes que hoy quisiera formularles. Cuando ellos ya no están, cuando los lazos que unían desaparecen, viene la soledad y el desarraigo: “No me espera nadie en ningún sitio, y eso es lo que ha sucedido en mi vida, debo aprender a caminar por las calles, por las ciudades, por donde me toque, sabiendo que no me espera nadie al final del viaje. Nadie se preocupará de si llego o no llego. Se camina entonces de otra forma.”(p251)

El hombre niño es el narrador que no juzga, en cambio asoman sus propias culpas, asociaciones y reiteraciones en una atmósfera poética no desprovista de humor.  Para Vilas su padre es Bach y su madre es Wagner “porque nuestros muertos han de transformarse en música y belleza”. Y en medio de la sensibilidad del autor se vive la España de los años sesenta hasta su presente (2015), en sus circunstancias sociales y los anhelos de la clase media.

La lectura de obras con una narrativa rica y profunda es a la vez, gozo para el lector, y reconocimiento del arte y la escritura como recursos en momentos de quiebre o ruptura ante situaciones dolorosas o el vértigo de la sociedad actual.

REFERENCIAS

Piedad Bonnett. Donde nadie me espere. Alfaguara, 2018.

Manuel Vilas. Ordesa. Alfaguara. 2019.

Imagen: https://bit.ly/31SZ7xj

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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