Productividad, Economía Internacional y Género

Tras la invitación de mis colegas de la Pontificia Universidad Javeriana Bogotá, a participar en el Workshop en Productividad, Economía Internacional y Género, a celebrarse el 7 y 8 de octubre en Cali, comencé a reflexionar sobre el futuro de mi hija de 5 años cuando ella misma deba enfrentarse al mercado laboral, hoy marcado por notables desigualdades de género, en lo salarial y en la asignación de las máximas responsabilidades. Constaté entonces que el mundo en el que ella trabajará está apenas en construcción, y es responsabilidad de mi generación contribuir a moldearlo de manera que las mujeres del mañana encuentren un terreno de juego más nivelado y justo.

Comencé por analizar si la Organización Mundial del Comercio OMC y el Banco Mundial habían invertido tiempo y recursos a estudiar las perspectivas de género. Fue así que descubrí que la OMC tiene un tópico especial dedicado a estos temas, y que los debates sostenidos en el pasado Workshop sobre Género y Comercio celebrado en Ginebra, Suiza, en marzo de 2018, dieron rienda suelta a una cantidad de experiencias y lecciones.

Decidí entonces, investigar de qué manera estas lecciones podían ser aplicables a la política comercial colombiana, que contrario a muchas otras naciones como Chile o Canadá, no parece haber estado bien representada en este evento, a juzgar por la información disponible en la página web de la entidad.

También me sorprendió comprobar cuántas veces había pasado por encima de las estadísticas de género que publica el Banco Mundial, sin siquiera haberlas visto. Sí, esta entidad bancaria de orden multilateral con sede en Washington, centrada principalmente en financiar a los países en desarrollo para resolver los problemas de pobreza y desigualdad; tradicionalmente inclinada por los proyectos de infraestructura de transporte, educación, electricidad y suministro de agua potable, es muy consciente de que reducir la pobreza y la desigualdad pasa también por preocuparse por la sostenibilidad ambiental y por reducir las brechas de género.

Es así como el Banco Mundial produce, además de estudios sobre el tema, importantes estadísticas comparativas a nivel internacional en temas de género para 57 indicadores[1]. Entre ellos, me llamó la atención la proporción de escaños ocupados por mujeres en los parlamentos nacionales.  Así, comparando a Colombia con los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo OCDE, se encuentra que, en 2018, en este grupo de países, el país con menor participación femenina en su parlamento fue Japón con 10.1%, la mediana entre ellos fue de 28.7%, y el mayor nivel, cercano a la equidad se encontró en México con 48.2%. Por su parte, el dato para Colombia fue de 18.1%, una desviación estándar por debajo de la media. Con respecto a España, el país del cual heredamos buena parte de los rasgos culturales que aún nos definen como la lengua, la religión, el sistema legal y probablemente buena parte de los comportamientos que configuran nuestras relaciones entre hombres y mujeres, el dato fue de 39.1%.

Es de resaltar que, en 1999, México contaba con niveles de participación femenina en el congreso de 18.2%, similares a los de Colombia en estos momentos. Igualmente, vemos que la herencia cultural española no es impedimento para mostrar progresos en materia de igualdad de género. Aunque México y Colombia comparten una historia común, moldeada por la conquista y colonialismo español, esto no ha sido un impedimento para México. Asimismo, España ha mostrado también una evolución muy positiva pasando de 14.6% en 1990, hasta su cifra actual de 39.1% que la ubica en la sexta posición entre los países de la OCDE.

Los estudios sobre la perspectiva de género también se apoyan en varios indicadores compuestos entre los que se pueden destacar el Índice de Desarrollo de Género (GDI) donde Colombia ocupa el puesto 22, un buen resultado, pero en parte reflejo de los efectos asimétricos de la guerra interna sobre la esperanza de vida de los hombres; y el Índice Global de Brecha de Género (GGI) donde Colombia ocupa el puesto 40.

Aunque en algunos indicadores compuestos Colombia no parece puntuar tan mal, se requiere mirar con mucho cuidado estas cifras y considerar la complejidad inherente a la perspectiva de género. Por ejemplo, la brecha en la tasa de desempleo entre hombres y mujeres es notable para Colombia, 8.0% para hombres y 13.4% para mujeres[2].

Es entonces necesario un mayor nivel de compromiso del gobierno y de todos los segmentos de la sociedad colombiana, para evolucionar hacia una nación más justa y equitativa entre hombres y mujeres. De hecho, la igualdad de género se encuentra enmarcada como el objetivo 5 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas del cual Colombia es signataria. Existe un gran camino por recorrer para lograr cumplir el objetivo de equidad de género antes del año 2030 como nos hemos comprometido, por lo que debemos redoblar esfuerzos para hacerlo.

[1] Banco Mundial (2019) Indicadores del desarrollo mundial. Proporción de escaños ocupados por mujeres en los parlamentos nacionales (%). Recuperado de: https://datos.bancomundial.org/indicador

[2] DANE (2019) Boletín Técnico: Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH). 30 de septiembre de 2019. Recuperado en https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/ech/ech/bol_empleo_ago_19.pdf

Imagen: https://nyti.ms/2plqORA

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

Deja un Comentario