¿Por qué no se oyen?

Desde el año pasado cuando terminé de leer la novela de Ángela Becerra Algún día hoy, en la cual sacó del triste olvido histórico a Betsabé Espinal, la primera figura feminista de Colombia, me he estado preguntando qué pasó aquí que no tenemos a una lideresa icónica como lo fue ella en su momento.

Mi pregunta sigue vigente, y aún más después de ver el efecto que ha tenido alrededor del mundo la muerte de la jueza estadounidense Ruth Bader Ginsburg.

Evidentemente en Colombia las mujeres debemos gran parte de nuestra vida actual a la tenacidad de personajes como Georgina Fletcher y Ofelia Uribe de Acosta, quienes lucharon para que tengamos el derecho a disponer de nuestros bienes, que podamos contraer deudas, comparecer por nosotras mismas ante la Justicia y tener derecho a educación básica y superior. Está también Rosita Turizo, gracias a quien se comenzó a pensar en permitir el voto femenino o las hermanas Luz Helena, Olga Amparo y María Eugenia Sánchez que trabajaron por la igualdad de género. (Revista Sentiido)

No obstante, en la actualidad hay otras que han podido recoger y articular esas banderas del feminismo desde sus distintas posiciones de poder y han optado por no hacerlo, al menos públicamente. Me cuesta trabajo entender el porqué y tristemente tiendo a pensar que es porque es más políticamente correcto callar, no incomodar y seguramente, no patear la lonchera.

Betsabé fue hija de madre soltera. Absolutamente pobre y sin oportunidades, viviendo en la Colombia feudal y machista de las primeras décadas del siglo pasado. Trabajó largas y agotadoras horas como hilandera en una fábrica de Bello (Antioquia) y la acompañaban decenas de otras mujeres, descalzas y con hambre como ella. A muchas las violaban en rincones oscuros de la fábrica y no había respeto alguno por ellas como seres humanos. Betsabé se rebeló a todo esto, y en contra de todas las adversidades organizó un paro de 400 mujeres que reclamaban (y triunfaron) sus derechos laborales.

Era la primera vez en la historia de Colombia que eso sucedía y en América Latina el único país donde algo igual había sucedido unos años antes, fue en Brasil.

Ruth Bader Ginsburg (conocida como RBG) también tuvo que enfrentarse a todo tipo de adversidades para lograr cambiar las condiciones para las mujeres en Estados Unidos. Llegó a ocupar una silla en la Corte Suprema no sin antes ser rechazada por su género, perder un trabajo por estar embarazada y ser muchas veces y en muchos contextos la única mujer entre una manada de machos alfa que cuestionaban el valor de su presencia. Comenzó su vida estudiantil y laboral en una época en la cual las mismas leyes restringían el rango de actividades que podía llevar a cabo una mujer y logró cambiar esas leyes para bien de millones.

RBG comprendía que el lenguaje importa, la verdad importa y que la vida de mujeres y hombres importa. Creía firmemente que las mujeres no tenemos por qué renunciar a nuestras ambiciones e identidades y aunque tiene cientos de frases célebres, mi favorita es sobre su marido, Marty: “lo que lo hacía tan increíblemente atractivo para mí es que le importaba que yo tuviera un cerebro”.

Personalmente, desearía una figura así en la Colombia de hoy. Una mujer que tenga la claridad mental para comprender todas las necesidades, expectativas y deseos que tenemos como género, que ponga ese bien común por encima de cualquier interés económico o político y que luche sin descanso por lograr que todas sin distingos, tengamos las mismas oportunidades y derechos que han gozado históricamente los hombres. Sé que no estoy sola en ese deseo.

 

Columna recuperada de el periódico El País

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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