¿POR QUÉ COLOMBIA SIGUE SIENDO POBRE?

Responder a dicha interrogante no es tarea fácil y quizás, su consecución, sea un imposible a corto y mediano plazo. Sin embargo, a través del presente escrito me lanzaré en la hercúlea misión de tratar de erigir un par de hipótesis que creo, propiciarían un escenario de cambio en la cultura económica del país.

En mi opinión, la pobreza se combate frontalmente mediante la creación de riqueza, o por defecto, mediante el establecimiento de condiciones viables para que pueda aflorar en un determinado territorio la iniciativa privada. El mercado y los empresarios son ante todo, bienhechores sociales; ellos tienen la difícil labor de constatar la realidad; de identificar necesidades y de producir tanto bienes como servicios que resuelvan las carencias de una determinada población. Tal y como lo hicieron Uber, Amazon y Rappi respectivamente.

En Colombia abundan las necesidades, pero también prolifera el conocimiento, el ingenio y el deseo de una nueva generación, para satisfacer las carencias actuales. Los jóvenes, armados únicamente con sus emprendimientos y modelos de negocio totalmente innovadores, son los llamados a transformar la realidad económica del país.

Sin embargo, a pesar del afloramiento de miles de ideas de negocios verdaderamente maravillosas, pocas llegan a concretarse. Es así como las pequeñas empresas y los emprendimientos, tienen aproximadamente una expectativa de vida cercana a los cinco años.

Pero, cabe preguntarse, ¿quién es el responsable del genocidio empresarial masivo? La respuesta suele ser siempre la misma: el Estado. El Estado con su excesiva regulación; el Estado con sus trámites absurdos; el Estado con su burocracia; el Estado con sus impuestos confiscatorios y su total inoperancia; el Estado con sus políticas laborales abusivas; el Estado con su sistema judicial paquidérmico, lento y abrumadoramente mediocre. En consecuencia, el Estado es el principal propiciador de la pobreza, pues extingue inmisericordemente, a quien crea riqueza.

Los anteriores elementos, forman el cóctel perfecto: una alta tributación, adicionado a una burda cantidad de trámites y a una inepta burocracia, son los obstáculos que deben sortear los valientes emprendedores, que se embarcan en la poco agradecida aventura de crear empresa en este país.

Son raros los casos de éxito; Tecnoglass y Rappi nos han dejado la vara muy alta. En lugar de atacarlos –como asquerosamente lo ha hecho la izquierda en los últimos días-, deberíamos imitarlos, solo así, quizás, podríamos empezar a superar aquel infame fantasma de la pobreza.

En conclusión, empecemos a eliminar los trámites absurdos –o a exigir su derogatoria-; pensemos en la posibilidad de flexibilizar el mercado laboral; imaginemos siquiera un instante el escenario de una eventual reducción de la nómina estatal; instituyamos la política de la eficiencia; un Estado pequeño que asegure nada más, la protección de la propiedad privada y el cumplimiento de los contratos. Solo así, podríamos llegar algún día a superar la miseria actual y a emular el milagro económico de Singapur. Como es obvio, en esta ecuación no cabe la izquierda.

Imagen: https://bit.ly/2IfYffp

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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