“Por eso yo regreso a mi ciudad” (Calicalabozo 1969)

En medio del valioso interés de los caleños, autoridades y organizaciones ciudadanas en el mejoramiento del centro de Cali, se entiende el gran desafío que representa la integración y solución a tan diversas necesidades y dinámicas que confluyen en la ciudad. Especialmente ante la expansión y el fraccionamiento imparable de la urbe, importa preservar en la memoria de sus habitantes un centro que les confiera un sentido de pertenencia e identidad.

Las edificaciones históricas, monumentos, espacios reales o imaginarios de la creación literaria que tengan como escenario a la ciudad, no solo son huellas de los orígenes o de una época de la misma, sino que siguen siendo generadores de significado y certezas para las sucesivas generaciones que los visitan o transitan su entorno, con lo cual logran conjugar el ayer, el hoy y el mañana. Nada mejor para explicar esta función que la mirada de Fernando Cruz Kronfly en Ciudades Literarias, al decir:

“Cuando de paseantes vamos por las calles y vemos los mismos lugares y las construcciones que nuestros ojos también vieron de niños un día, de inmediato sentimos que nos reconocemos en esos lugares y construcciones y que nuestras subjetividad se llena de identidad y seguridad. Pero, inversamente cuando vamos por la calle  constatamos cómo nuestros referentes físicos han sido derruidos, cómo desaparecen de la noche a la mañana de nuestros ojos, entonces nuestra memoria debe ir a refugiarse sólo en la posibilidad de una evocación-resurrección interior reconstructora, el sujeto siente que ya no se reconoce ni se refleja en su entorno, que su identidad y su sentido de pertenencia han sido atacados y se llena de miedos y de inseguridades –muchas veces no confesados- por causa de esa desposesión”.

Así describe Cruz Kronfly la ciudad como evocación de lugares perdidos “por la pala del progreso”, al igual que desarrolla la presencia del transeúnte, nuevo nómada de la ciudad, la ciudad como fuente de sensaciones y su crisis de sentido. Estos aspectos junto con otras reflexiones de estudiosos de la ciudad como producto cultural, permiten pensar que la visión de la ciudad desde el punto de vista literario también contribuye a la integración del centro con el resto de la urbe. Narrativa y novelas hay que recrean lugares, recorridos o vivencias de una ciudad, por lo que el mejoramiento de sus plazas, arquitectura y vías, enriquece el imaginario urbano, e invitan a residentes y turistas a recorrerlas.

Además de los aspectos que indica Cruz Kronfly, puede apreciarse por ejemplo en Calicalabozo de Andrés Caicedo, la ciudad en una época de crisis, desde el recorrido por la Avenida Sexta de una juventud transgresora en medio del calor y el canto del coclí, cuando el escenario se ha extendido a horizontes donde la vista no alcanza. Su protagonista transita la Avenida Sexta, el Teatro Calima, el Conservatorio, Deiri Frost, el Oasis, Sears, San Fernando, pero aún en su descentramiento, tuvo como punto de referencia un centro lejano y presente al mismo tiempo, “caminando otra vez hacia arriba, hacia el centro, porque habían venido del norte al sur para llegar a la fiesta”. Para Caicedo, hace 50 años:

“La ciudad en la que vivo crece más allá de mi ángulo de visión, no sé desde hace cuanto tiempo. Las noticias dejaron de llegar a mí, ahora sólo queda la gente que pasa más allá de mi ventana, esas cabezas rosadas que aparecen entre los árboles de mango, eso que daña el paisaje y hace que mi ventana se ponga triste, que sea una iglesia lloriqueante. Lo malo es que este lugar es demasiado transitado. Qué le vamos a hacer.

“Por eso yo regreso a mi ciudad” es una frase literaria del autor, pero también  podría decirse que sirve al propósito de los caleños que viven en Cali o retornan después de años. La meta es persistir en el mejoramiento de su centro histórico y de una ruta cultural y literaria que entre otras convergencias, pueda caminarse partiendo de la avenida del río, pasando por la casa Obeso y la Tertulia con su bello Samán, para continuar hasta la Biblioteca del Centenario que recuerda el aporte de la sociedad a la cultura de la ciudad en sus inicios, para seguir rumbo al centro por la carrera cuarta, de paso por la calle de la Escopeta, y abordar su centro histórico donde se destacan la hermosa Iglesia de la Merced con su museo arqueológico, el Teatro Municipal, la memorable plaza de Caicedo, la plaza y el templo de San Francisco con su torre mudéjar, entre otras construcciones que aún se conservan, o pasear por  el puente Ortiz y el democrático Bulevar del Río.

Fuente imagen: Augusto Ilian.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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