Políticos y Militantes

Las campañas políticas son sucias y están plagadas de oportunismo. El que es candidato sabe que debe explotar las debilidades de su rival con tanta frecuencia como desestimar los ataques que reciba sobre su pasado, sus ideas o su condición como ser humano. El que hace parte de la campaña de determinado candidato pocas veces se ve impulsado a poner en duda los cuestionamientos que se le endilgan y encuentra paz y comodidad en las palabras de aliento de sus colegas.

No es raro entonces que las campañas políticas estén plagadas de consignas reduccionistas, mesianismos soterrados y psicología de masas. El político hábil sabe situarse como única alternativa viable y sabe enmarcar a los otros candidatos como parte de un mismo problema. El militante conveniente sabe modificar su discurso a la luz de consignas etéreas y no duda en crucificar antiguos compañeros (incluso referentes) de su movimiento político, si la situación lo amerita.

Lo anterior no es un problema exclusivo de un sector del espectro político. Independiente de si se trata de un movimiento político de izquierda, derecha o centro, la campaña siempre navegará por las turbias aguas del framing y, si no tiene un esquema de contrapesos interno, tenderá al caudillismo.

El político que se vende como idealista siempre tiene más de pragmático. Se imagina a sí mismo como una persona que instrumentaliza al sistema para posteriormente transformarlo. Rara vez se percata de que su accionar perpetúa lo que dice luchar. En los peores casos, vestigios de esquizofrenia emergen y el individuo pierde contacto con esa realidad que buscaba modificar. Poco le cuesta aliarse con su enemigo acérrimo y puede desatar el odio más visceral por quien hasta hace poco era su mayor aliado.

El militante idealista rara vez se percata de los anteriores y abruptos virajes ideológicos. Se ha dedicado a creer en lugar de cuestionar y siempre está rodeado de personas que refuerzan su fe. La consistencia de este tipo de militante nada tiene que ver con el ideal per se, sino con el referente de ese ideal. Si un ideal se modifica cinco veces en el proceso de campaña, da igual. Realmente el ideal fue un discurso y lo verdaderamente importante siempre será «él».

Imagen: https://bit.ly/2YyCBMs

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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