PERDIÓ CALI

Las elecciones regionales del pasado domingo arrojaron una serie de conclusiones que vale la pena analizar a profundidad. La derrota estrepitosa del uribismo en Bogotá y en Antioquia, el fortalecimiento de algunos partidos alternativos, la preponderancia de los barones electorales y el desastre de la Colombia Humana son algunos de los ítems que podrán ser estudiados meticulosamente durante los meses venideros para tratar de entender el contexto en el que se desarrollarán las elecciones legislativas y presidenciales del año 2022.

No obstante lo anterior, de manera preliminar, me permito formular la siguiente conclusión: la ciudad que más perdió con las pasadas elecciones fue Santiago de Cali. Dicha hipótesis no emana de un dato menor; el hecho preocupante de que gran parte del electorado de una ciudad capital decidiera votar de manera concienzuda por un sujeto acusado – e imputado – de una serie de delitos es, cuando menos, inquietante. Que un porcentaje del padrón electoral superior al treinta por ciento no sintiera resquemor alguno al entregarle su voto a un candidato que posiblemente no pueda culminar su mandato es sin duda alguna, descorazonador.

Jorge Iván Ospina está lejos de ser el líder que logre unir los caleños. De hecho, este parece ser un emisario de la división. Él, que en el pasado no ha escatimado esfuerzos en enarbolar las banderas de la lucha de clases y del odio fratricida en una ciudad que precisa de lo contrario, esto es, de unidad. Cali merece renovarse, modernizarse, adaptarse a los estándares internacionales. Ello no será posible si en la cúspide del poder municipal, el gobernante de turno se dedica a dividir aún más, a una ciudad que para afrontar las vicisitudes actuales, requiere sobre todo, de unidad y de solidaridad.

Si Jorge Iván Ospina no asume con hidalguía los retos que el mandato popular le confirió, Santiago de Cali se verá prontamente relevada al cuarto o quinto lugar en el escalafón de las ciudades más importantes de Colombia. Barranquilla y Bucaramanga han experimentado cambios transformadores de fondo en muy poco tiempo y es probable que nos desplacen de manera inmisericorde si no empezamos a apuntar hacia el desarrollo como un fin común.

Independientemente de nuestras preferencias políticas, como caleños debemos estar vigilantes. Debemos ejercer una veeduría seria y responsable sobre el próximo gobierno y esperar, cuando menos, que al nuevo burgomaestre le vaya bien por el bienestar de nuestro querido terruño.

Imagen: https://bit.ly/36jPuuK

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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