PELICULAS DE VERDAD CONTRA LA REALIDAD

Cuando alguien nos cuenta algo inverosímil, le decimos que no nos venga con otra “película de vaqueros”, pues en ellas no solo distinguimos claramente a los malos y los buenos, sino que además siempre terminan ganando estos últimos. Los fanáticos de estas películas salen felices de los teatros, se van plácidamente a dormir y al otro día se reconcilian con la vida. Se levantan convencidos que pertenecen al bando de los buenos y están protegidos por sus gobernantes contra los malos. Pero en ocasiones asistimos a películas que nos revelan, en medio de su ficción y elaboradas tramas, que la vida es otra cosa y que en la realidad los papeles de buenos y malos no están prefijados. Al punto que las ficciones terminan siendo más verdaderas que la misma realidad. Es lo que acontece con la mayoría de películas que este año están nominadas a los premios Oscar en Hollywood. Empezando por aquellas que abordan terribles acontecimientos, como el nazismo, con la corrosiva e hilarante parodia de Jo Jo Rabbit de Taika Waititi, y Érase una vez… en Hollywood de Tarantino, pues en ambas la imaginación de sus creadores y directores nos revelan que la realidad es mucho más compleja que lo acontecido. En estas películas, los actores y sus circunstancias tienen más aristas y sombras que aquellas que nos proyecta la historia oficial con su verdad congelada en la memoria colectiva. Película como El irlandés, de Scorsese, nos devela que las relaciones entre el crimen y la alta política del Estado, presidida por un descendiente de irlandeses, como J.F. Kennedy, son desde entonces un rasgo estructural en la política doméstica e internacional  de los Estados Unidos de Norteamérica. La ambigüedad del título juega con el rol protagónico de Robert De Niro y el político histórico de las relaciones sostenidas por Kennedy, el otro “irlandés”, con la mafia norteamericana y la fracasada invasión a bahía Cochinos, que al parecer termino por sacarlo violentamente del libreto del poder.

El oscar de la impunidad

Y hoy dicha relación entre la política y el crimen está protagonizada por Donald Trump, al extremo de ser intocable por la justicia, pues sus copartidarios republicanos no solo impidieron la comparecencia de testigos, como John Bolton ante el Senado, y la presentación de nuevas pruebas, sino que lo absolverán, consagrando así una impunidad presidencial que  convierte a esa democracia imperial en una tragicomedia criminal. Así las cosas, la absolución de Trump debería estar nominada para ganar el Oscar a la mejor película –en el género histórico del colapso de la democracia por la simbiosis entre política y criminalidad–  y el mismo Trump ser reconocido como el mejor actor en el escenario de la mentira y la simulación de justicia. Seguramente en algunos años estaremos viendo, en una excelente película, más escenas verdaderas sobre lo ocurrido en este juicio simulado, que la profusión de fake news que nos invadirán durante las próximas semanas relacionadas con la absolución de Trump, que lo elevará a la consagración estelar de ser el mejor protagonista del poder de la mentira y la soberbia narcisista. A las anteriores dotes hay que sumar su misoginia y vulgaridad machista, que pone de presente la película “El escándalo”, recordándonos los trinos de Trump contra la corresponsal de Fox News, Megyn Kelly, protagonizada por Charlizie Theron, humillada y ridiculizada por el entonces candidato republicano. Pero suele acontecer que el buen arte termina siendo el juez más implacable de los ambiciosos de turno revestidos de poder, como en este caso sucede con Trump, más allá de las complicidades de la mayoría republicana que lo absuelve y protege. Parece que algo similar ocurre entre nosotros, pero en un nivel bucólico y pintoresco, con más de un protagonista de la vida política nacional actualmente en la antesala de la justicia. Incluso para desentrañar la sangrienta madeja tejida por la política y el crimen, disponemos de una compleja tramoya conformada por la JEP, la Comisión de la Verdad y la Unidad de búsqueda de personas dadas por desaparecidas en desarrollo del conflicto armado interno. Solo nos queda esperar la película nacional que proyecte estos personajes intocables y nos revele sus proezas criminales, tanto de la diestra como de la siniestra. No hay duda que tenemos suficiente talento joven para asumir semejante desafío, pero quizá falte el patrocinio y el valor civil para que puedan  hacerlo.

Hollywood como conciencia crítica y pantalla de verdad

La próxima ceremonia en Hollywood de entrega de estatuillas en las diversas categorías, promete ser el mejor tribunal de la conciencia crítica y la sensibilidad artística contra esta realidad que vivimos, global y nacionalmente, infestada por un virus más mortal que el temido coronavirus. El virus que portan aquellos gobernantes que niegan la realidad, la crisis climática, la devastación del planeta, el nuevo holocausto de millones de migrantes, la desigualdad social infamante y, en general, todos aquellos portadores sanos y buenos ciudadanos que creen que la vida se agota en el éxito empresarial y la  felicidad familiar, como lo denuncian con implacable humor las películas Parásito y Joker. Son de antología las secuencias escatológicas de Parásito ridiculizando la portentosa tecnología de Corea del Sur y su aberrante discriminación clasista, expresada en el agudo olfato del exitoso empresario y ejemplar padre de familia, que vive como un auténtico parásito del trabajo, el talento y el esfuerzo de los demás. Así como también Joker ejecuta al bufón del entretenimiento y la mentira, protagonizado por De Niro, animador de un concurso televisivo tan parecido al dirigido por Trump en el pasado,  The Apprentice, en el que ridiculizaba y humillaba a los perdedores, con su grito: Estás despedido! Sin duda, esta temporada de películas nominadas nos está proyectando en la pantalla más verdad que la misma realidad. La ficción y el arte develando las mentiras del poder, el cinismo criminal de George W Bush y la complicidad de Tony Blair, en Secretos de Estado; el acoso sexual como chantaje para el ascenso laboral en El Escándalo; el sufrimiento y la degradación en la vida artística de Judy a costa de su salud y muerte.  Y, para terminar la función con una lección de humanidad y coraje, la película de Sam Mendes, 1917, heroica y antibélica que exalta la ética y el honor del guerrero. Vale la pena ver y compartir estas producciones, pues corroboran que en nuestros días la ficción cinematográfica no solamente es superior a la realidad sino mucho más verdadera.

Imagen: https://bit.ly/31ozsh2

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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