Pasión para salvar la democracia

El candidato de la izquierda radical no debió salir contento del debate organizado por El Tiempo y la revista Semana. A lo largo del intercambio varios participantes fueron mostrando su garra y su talante; su voluntad de desplazar a quien hasta ahora se ha labrado un lugar protagónico con el discurso de la lucha de clases, con incitaciones que exacerban las pasiones sombrías y los sentimientos amargos.

Sin embargo el de la ‘Colombia Humana’ debió de tener su momento de satisfacción cuando Íngrid Betancourt le reclamó públicamente a Alejandro Gaviria por aceptar la supuesta adhesión de algún político tradicional. El despropósito de ventilar de manera abierta un asunto interno, tiene la capacidad de causar daño a la Coalición de la Esperanza la cual es vista por Petro como su más duro contendor en la segunda vuelta.

Fuimos muchos los que sentimos vergüenza ajena ante la falta de sindéresis, ecuanimidad y sentido de la oportunidad exhibidos por Íngrid. Y es que lo hecho cuestiona su capacidad de ser presidenta de un país tan convulsionado, en el cual la templanza y la prudencia deben ser atributo principal del gobernante.

El asunto es que la favorabilidad electoral de Petro aunque alta se ha estancado. Es posible crecer cabalgando sobre las frustraciones y es fácil manipular punciones negativas. Pero esa estratagema presenta límites porque la inmensa mayoría no tiene el corazón habitado por rencores e inquinas. Al contrario, esa mayoría sabe que las cosas tienen que mejorar pero el cambio no se produce a base de negar la existencia y derechos del otro, ni a costa de borrar los avances que hemos logrado como nación.

En el pasado había parecido que solo el exalcalde conocía la reflexión sobre el devenir de las democracias expuesta por el historiador y filósofo Noah Harari: 1) Los sentimientos guían a los líderes pero también a los votantes. 2) Los referéndums y las elecciones tienen siempre que ver con los sentimientos humanos no con la racionalidad. Así en materia de emociones los otros candidatos parecían deslucidos, faltos de lo que aquí llamamos ‘entuque’.

Lo importante del debate es que marcó un antes y un después: los aspirantes democráticos mostraron su disposición a expresarse con pasión y vehemencia. Una actitud comunicacional que muchos añorábamos y que los llevará a desarrollar conexiones crecientes con el electorado.

Lo dicho se fundamenta en lo acontecido durante el encuentro. La respuesta de Fajardo al ofrecimiento que le hizo Petro del Ministerio de Educación quedará en la memoria. Sergio dejó claro que no aceptaría jamás esa designación. La mejor herramienta para educar es el ejemplo y el de Petro es inadmisible porque su sistema consiste en infamar a los contradictores, olvidando que un presidente está llamado a ser el primer educador de la sociedad.

Juan Manuel Galán no se quedó atrás al denunciar las profundas incoherencias del exalcalde en sus relaciones y propuestas. Mientras tanto Federico Gutiérrez le exigió planteamientos funcionales, acordes con las necesidades del país. A su turno los otros candidatos se expresaron de forma similar.

La defensa de la democracia ante el populismo radical de izquierda o derecha necesita de la emoción y la pasión que ahora afloran. Sin injurias, ni amenazas; sin incitaciones a la violencia, pero con claridad y contundencia.

 

Columna recuperada del Diario El País
Imagen de Revista Semana 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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