Paradojas

Llama la atención que mientras se  habla de la aldea global y la integración de la Unión Europea, de pronto resurja el dominio absoluto de los países para cerrar las fronteras, a fin de resistir el embate de un enemigo microscópico a través del contacto entre las personas. La apertura de fronteras y el flujo de viajeros,  manifestación de libertad y tiempos modernos, paradójicamente trajo consigo un factor inesperado que obligó a la humanidad a detenerse para contener la propagación del mal.

Desde que se conocieron los beneficios de una economía basada en la circulación de bienes y dinero para obtener riqueza, impera como modo de vida el movimiento y el propósito de vivir más y aprovechar todo lo que esté al alcance. El hombre ha intervenido en la naturaleza para su explotación sin los debidos límites, con consecuencias para el medio ambiente y la vida. Se dice que el virus que aqueja al mundo, pudo tener epicentro en el mercado de animales vivos de la ciudad china de Wuhan. Bien sea que haya mutado y pasado de un animal a otro animal, lo cierto es que la manipulación e ingesta de organismos animales sacados de su hábitat natural en los que pueden ser benéficos para el ecosistema, conlleva graves riesgos de transmisión de enfermedades.

El diario La Nación de Argentina se refiere a la publicación en la revista Clinical Microbiolgy Reviews de un estudio realizado hace 12 años por un equipo de científicos del Laboratorio de Enfermedades Emergentes de la Universidad de Hong Kong, en el cual concluyeron después de una detallada descripción biológica y molecular que los coronavirus son una “bomba de tiempo”: “Se sabe bien que los coronavirus son dados a la recombinación genética, que puede llevar a nuevos genotipos y brotes. La presencia de un gran reservorio de virus del tipo SARS-CoV en murciélagos herradura, sumada a la cultura de comer mamíferos exóticos en el sur de China es una bomba de tiempo. No debería ignorarse la posibilidad de reemergencia del SARS y otros virus, y por lo tanto necesariamente estar preparados”.

A pesar de que aquellas costumbres exóticas de alimentación probablemente sean causas mediatas o inmediatas de la transmisión al ser humano del virus que tiene en vilo tantas Naciones, y que la República Popular China inicialmente habría intentado ocular el brote, se le pondera su capacidad tecnológica e inteligencia artificial que le permitió construir un hospital en días. También hay mérito en sus medidas para reducir –afortunadamente- la velocidad del contagio entre su población,  víctima ésta de un régimen dictatorial que en tales momento jugó a favor. Típico de estos sistemas antidemocráticos y autoritarios es el control sobre la información y la restricción de las libertades.  Pero más allá de ello, el predominio del gigante asiático y de empresas chinas legales e ilegales está a la vista. Sobre todo, puede verse su propósito y acción diluyente de mercados y empresas locales de otros países, así como su avanzado expansionismo en el mundo, pasando por centro américa en una nueva ruta de la seda.

Como sea, contrasta el sistema de gobierno chino y algunas de las tradiciones crueles del país, con la parte sensible y culta de gentes sencillas, jóvenes que buscan salidas o escritores, entre éstos Gao Xingjian y Mo Yan, premios Nobel de literatura. De la historia de dicha Nación en el siglo XX y desde la difícil existencia de las mujeres, se destacan las obras de la escritora Jung Chan: Cisnes Salvajes, gran relato de vida de tres generaciones de mujeres, su abuela, su madre y ella misma en su lucha por sobrevivir en medio del machismo y las transformaciones sociales de la China; y, de carácter biográfico, Cixí, La Emperatriz, quien tras bambalinas de rostros masculinos, gobernó el imperio eficazmente y por muchos años abriéndole paso a la modernización.

En momentos de cuarentena hay una oportunidad para abrir ventanas y mirar en el horizonte episodios de la historia, para comprender la civilización y mentalidad de otros pueblos y sus objetivos. La lectura de libros o la contemplación de un cuadro o de un atardecer pertenece a los tiempos de quietud, en un mundo tradicional que aprendía con calma.  Sin el ruido y el movimiento incesante de vehículos y personas por causa de un virus letal, paradójicamente ha mejorado la calidad del aire y han asomado aves y otros animales en lugares de donde han sido desplazados por el hombre. Superada la emergencia de estos tiempos, conviene replantear las forma de vida y respetar las debidas fronteras para la coexistencia de las especies, en bien de todos. Es tiempo también para avizorar los riesgos cuando se rompen barreras biológicas y el sano equilibrio geopolítico.

Referencias

Jung Chang. Cixí, La Emperatriz, Taurus Ediciones, 2014

Jung Chang. Cisnes Salvajes, Editorial Circe, 2004

https://www.lanacion.com.ar/ciencia/hace-12-anos-paper-cientifico-consideraba-coronavirus-nid2346041

Imagen: https://bit.ly/3axXgTN

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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