Para no repetirla

Los tiempos de aislamiento son propicios para conocer de la mano de versados historiadores, los sucesos que determinaron y explican en buena parte las políticas y la suerte hoy por hoy de las Naciones y los pueblos. A poco más de 80 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial y a 75 años de haber terminado, hay gran interés en volver la mirada a los hechos que la precipitaron. Si bien es conocida la tragedia del holocausto y la necesidad del mundo de vencer al feroz enemigo, conviene saber cómo pudo darse semejante guerra, y si podría haberse evitado.

Los fenómenos sociales y políticos no se presentan de improviso, sino que son el resultado de situaciones o acciones que silenciosamente se gestan o entretejen a lo largo de un tiempo. Aún así, hay quienes logran leer las señales que presagian un suceso de mayores dimensiones. En algunos casos puede tratarse de políticos o analistas, y en el campo de la literatura de escritores que avizoran en el horizonte algo más de lo que de ordinario se ve, y lo ponen de manifiesto a través de la ficción. Mefisto, Novela de una carrera, de Klaus Mann, es reveladora de lo que entrañaba el movimiento nacional socialista en Alemania. Fue  publicada por fuera de dicho país en 1936, antes de que se conocieran los extremos de maldad y criminalidad que habría de alcanzar el nazismo. El relato se inicia años atrás y tiene como protagonista un actor de teatro, Hendrik Höfgen, arribista y ansioso de poder, así como personajes de ideologías y caracteres precisos para el ascenso meteórico del actor. Es una alegoría al ambiente de intriga, corrupción y resentimiento  que reinaba en algunos círculos de Alemania desde su derrota en la primera guerra mundial. Fueron síntomas que anticiparían la enfermedad del totalitarismo y de la venganza que escaló a niveles insospechados. La obra incomoda a la sociedad de entonces, al no haber detenido el avance de ese mal, aunque seguramente no era fácil por la cultura de masas y la intimidación.

Se reconoce que la situación espiritual y económica del pueblo alemán con ocasión del tratado de Versalles, fue el preludio de la Segunda Guerra Mundial.  La imposición a su Nación de indemnizaciones gravosas a favor de los vencedores, afectó su honor y la situación económica de la débil República de Weimar. De acuerdo con Winston Churchill, “Los aliados triunfantes seguían hablando de exprimir a Alemania como un limón.…”; sobre las magnitud de las indemnizaciones que le impusieron  y los créditos de los Estados Unidos, advierte: “La historia calificará esta operaciones demenciales. Ellas engendraron la maldición del belicismo alemán y el desastre económico..” (p30-31). Churchill recibió el Premio Nobel de Literatura en 1953, “por su dominio de la historia y la descripción biográfica, así como la brillante y exaltada oratoria en defensa de los valores humanos”. Su extensa obra sobre la Segunda Guerra Mundial, que se inicia con el período de guerra a guerra, es imprescindible para comprender el desarrollo de los acontecimientos que la rodearon, desde la visión y experiencia del autor.

Algunas enseñanzas se infieren del recorrido por los antecedentes de tan trágico suceso. En medio del sentimiento de frustración de un pueblo y una crisis económica, crece la inconformidad y el desprestigio de las instituciones y gobiernos.  Ello propicia la puesta en escena de un actor que encante a las masas con aquello que quieren oír, y logre unirlas en torno al odio contra quienes consideran responsables de la situación. Para ello se aprovecha la propaganda y los medios de comunicación al alcance para uniformar el pensamiento.

Otra lección está en la posibilidad  de evitar tragedias, si se actúa  oportunamente con visión y conciencia de la trascendencia de los hechos que ocurren en el presente, potencialmente nocivos. Irónicamente pudo evitarse la Segunda Guerra Mundial. A criterio de Winston Churchill fue una guerra innecesaria: “Me dijo un día el Presidente Roosevelt que estaban pidiendo públicamente sugestiones respecto a cómo debía denominarse la guerra. Yo propuse sin vacilar: “La Guerra innecesaria”. Jamás ha habido guerra más fácil de impedir que ésta que ha hecho naufragar lo que del mundo quedaba a flote después del conflicto anterior” (p17).

Por otra parte, se ha visto la necesidad de la unión de las Naciones, así como el mantenimiento de organizaciones que las convoquen, para tratar en términos civilizados y constructivos asuntos de interés general para la paz y la vida. Solo gracias a esfuerzos conjuntos, prescindiendo de sus propias posiciones políticas o diferencias ideológicas, es posible vencer al enemigo común o superar las varias y complejas situaciones y conflictos que se presentan en el mundo. La conciencia, como la adquirida en Europa, acerca del peligro de una confrontación bélica y de la importancia de la cooperación y la racionalidad en las políticas, es ejemplo a seguir por parte de dirigentes y ciudadanos donde quiera que sea.

Referencia.

Winston Churchill. La Segunda Guerra Mundial. De guerra a guerra. Ediciones Orbis S.A. Plaza & Janés, S.A. Editores,1965. Barcelona.

Imagen: https://bit.ly/2CnbkDC

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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