Opinar en el Diario de la gente

Hace varios lustros este diario acuñó un eslogan que resume su cultura organizacional y el espíritu que anima su labor: “El País, el diario de la gente”. Esa breve expresión tiene un ambicioso contenido por cuanto implica el reto de estar al lado de la población trabajando con ella, por ella y para ella.

Estamos hablando de un compromiso explícito con la promoción de los seres humanos, su dignidad y su progreso; con la inclusión social y el mejoramiento de las condiciones de vida; con el fortalecimiento democrático, la eficiencia del Estado y de la cumplida administración de justicia; con la erradicación de las conductas criminales en sus distintas manifestaciones. Todo lo anterior sin olvidar el contexto de la ciudad y la región.

A nadie escapa que los medios escritos atraviesan tiempos difíciles, y son muchos los que han llegado a ver comprometida su continuidad. La irrupción de las redes sociales distinguidas por el inmediatismo , la irresponsabilidad y el facilismo han confundido a la opinión: vea el dato y reaccione; no analice, no reflexione, es el mandato de los tiempos.

La paradoja es que en ese entorno de superficialidad, exageraciones, manipulaciones y fake news, la prensa escrita que da la cara y asume debería ser reconocida como referencia obligada, fuente primera de quien busque información veraz y criterios adecuados al interpretar la realidad.

Para que un medio escrito se haga respetable no bastan los grandes propósitos. La manera como lleva a cabo su actividad le hará merecedor o no de la confianza general. El asunto comienza con la habilidad para presentar información objetiva ceñida a los acontecimientos, sin dejar de registrar las distintas aristas de los hechos. Tan importante como lo anterior es la capacidad de analizar e interpretar las circunstancias, tendencias e ideas subyacentes, enriqueciendo así el juicio del lector.

El ejercicio descrito demanda una gran dosis de honestidad intelectual lo que a su turno implica despojarse de intereses, afectos y prejuicios al informar, al opinar y al dar cabida a miradas divergentes. No menos necesario es el valor civil, la valentía para asumir las consecuencias de las actitudes adoptadas. Finalmente, la disposición para la autocrítica y la rectificación son exigencia de rigor.

Al cumplir sus primeros setenta años El País puede decir con orgullo que todos estos elementos se hacen realidad en su diario quehacer: calidad informativa; orientación editorial variada y respetuosa; valor para llamar las cosas por su nombre y asumir las consecuencias, aunque en el ello se juegue la vida misma; y capacidad de corregir la propia andadura.

La confluencia de los elementos que caracterizan a un buen medio escrito, el equipo humano muy profesional y el talante respetuoso de la dirección editorial, han hecho que me sienta a gusto en los más de treinta años que llevo en esta casa. Una historia que comenzó con una llamada de ese mártir de la libre expresión que fue Gerardo Bedoya Borrero. En mi primera oportunidad de opinar logré no desanimarme porque en aquel artículo iniciático el duende que habita las rotativas puso como autor a mi hermano Francisco de Roux. El periódico había circulado, ya no había manera de rectificar. Que siga El País adelante por años sin fin. Lo necesitan Cali, el Valle, Colombia y sus gentes.

Imagen: https://bit.ly/2zAFZLL

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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