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Nuestra conducta ha generado un Cambio… Climático

El cambio climático es producto de la conducta irresponsable de la especie humana: hemos transformado combustibles fósiles en energía, y en el proceso hemos acumulado en la atmósfera demasiado dióxido de carbono, metano y otros gases. Como consecuencia, parte del calor que ingresa a ella queda atrapado, y sube la temperatura promedio en la superficie de nuestro planeta. Además, el dióxido de carbono disuelto en la masa acuosa de los océanos en cantidades por encima de lo normal la acidifica.

El asunto es innegable; no lo cambia el hecho de que hace cientos de millones de años, antes de que el contexto permitiera la existencia de nuestra especie, la temperatura fue superior a la proyectada para dentro de medio siglo como consecuencia de nuestra desmesura. El problema exige atención ordenada, rápida y masiva. De lo contrario, el derretimiento de las capas de hielo que cubren los polos aumentará el nivel  de los océano, se inundarán las zonas costeras y se desordenará el mundo. El desbordamiento no es el único problema: las fluctuaciones eólicas se harán más bruscas, con impacto serio en la pluviosidad, y la acidificación de los mares, que impulsa el incremento desmedido en la proporción de medusas entre las especies marinas, en detrimento de todas las otras, los hará menos amables para el hombre.

La dinámica destructiva de la relación entre nuestra especie y las demás comenzó en el neolítico, con la acumulación de productos como consecuencia de la revolución agrícola. Se formaron, como consecuencia, las primeras urbes. Desde entonces la población humana comenzó un muy lento incremento, pese a la guerra constante y a pestes recurrentes que reducían la población hasta en un tercio. Las cosas cambiaron con la revolución industrial: en el siglo diecinueve la población global se dobló, y en el siglo veinte se cuadruplicó. Aumentaron la población, la expectativa de vida y el nivel de consumo promedio en forma inusitada. Para la provisión de energía necesaria se recurrió a la reserva de combustibles fósiles, sobre todo petróleo y carbón.  El proceso no fue totalmente fluido: a mediados del siglo diecinueve la calidad de vida en Londres era inferior a la prevalente medio siglo antes, por el rápido crecimiento con procesos de combustión de carbón ineficientes y por la ausencia de  procesos sanitarios adecuados. En ese contexto se formularon las doctrinas socialistas. Las cosas evolucionaron, de manera positiva con el servicio generalizado de alcantarillado, y el carbón era mucho menos perceptible en la atmósfera de la capital inglesa al terminar el siglo, pero el consumo de fósiles siguió en aumento en todo el mundo, en particular a raíz del invento del automóvil con motor de combustión interna.

La humanidad no ha incluido el costo ambiental de usarlos en el precio de los combustibles. Ahora hay que reorganizar la economía mundial para que los países desarrollados consuman menos y los países en desarrollo se transformen sin que su consumo adicional sume más que la reducción de los desarrollados. Solo de esa manera podría, por definición, reducirse la cantidad de gases nocivos disueltos en la atmósfera. El proceso exige diseñar y materializar cambios en la vida cotidiana que permitan proveer el nivel de vida actual de los países desarrollados para todos los habitantes del planeta y preservar el principio rector del respeto entre los humanos y la armonía en la relación con las demás especies. La tarea es necesaria para evitar catástrofes e incluso el riesgo de colapso de la vida, al menos para las especies grandes como la nuestra.

En la posguerra, en un mundo en crecimiento, se instituyó en los países desarrollados el tratamiento de aguas residuales y la disposición en condiciones controladas de residuos peligrosos en los procesos industriales. Además se estableció el control a las chimeneas. Sin embargo, la mitigación del impacto de la emisión de residuos no es suficiente. El problema ya era evidente en los sesenta: el modelo de desarrollo de la humanidad no permitiría sostener el nivel de vida de los países desarrollados para todos los humanos sin cambios drásticos en los patrones de conducta. A principios de los setenta se hizo evidente la necesidad urgente de reducir el impacto de los clorofluorocarbonos en la capa de ozono que cubre la atmósfera, debilitada en Antártida. Se celebró el Protocolo de Montreal en 1987 bajo los auspicios de las Naciones Unidas, y los resultados, aunque imperfectos, son evidentes: hay recuperación parcial  de la película.

La lucha contra el calentamiento ha sido asunto central de diversos foros. En 1992 hubo una cumbre en Río de Janeiro, que fijó pautas para el camino a recorrer. El Protocolo de Kioto suscrito en 1997 no fue efectivo porque actores centrales, como Estados Unidos y Rusia, no asumieron los compromisos respectivos en forma oportuna. Los acuerdos no fueron eficaces, en parte porque lo pactado en tratados comerciales inhibe las iniciativas de países individuales en materia ambiental, con el propósito de asegurar normas universales para el comercio internacional, y en parte por la gestión de empresas con alcance global, que destinan recursos importantes a distorsionar la información. La debilidad de lo público frente al poder del capital ha dilatado el cumplimiento de compromisos o permitido evadir el deber moral de ratificar lo convenido. En contraste, el Acuerdo de París tuvo el respaldo de 195 países. Ahora el presidente de Estados Unidos ha anunciado la determinación de retirar a su país del Acuerdo, con el argumento de que genera desempleo en su país, sin revisar las causas del problema, de las cuales ese país es parte central, ni las consecuencias de no abordarlo en forma concertada. Además hace caso omiso de la apreciación de la mayoría abrumadora de los científicos entendidos en la materia.

Los Estados Unidos fueron el país de mayor crecimiento en las décadas anteriores a la Primera Guerra Mundial, y tuvieron tasas de crecimiento muy altas durante la Segunda Guerra y después de ella hasta los sesenta, con el apoyo de un sistema educativo de cobertura universal que fue líder hasta finales de los años cincuenta. Su modelo de ordenamiento territorial fue expansivo, con uso masivo del vehículo personal. Además fue el primer país en hacer uso masivo de la electricidad. A lo largo del siglo veinte fue, por mucho, el país que más dióxido de carbono y metano aenvió a la atmósfera. Aún hoy consume más de veinte por ciento de la energía mundial, cuando su población no alcanza a ser cinco por ciento del total. Por consiguiente, no puede evadir su cuota de responsabilidad. La tarea de abordar la vida en el planeta de manera diferente es de todos, y los más responsables no pueden evitarla con argumentos egoístas. Por esa razón es laudable la iniciativa de 30 ciudades y tres estados, aglutinados alrededor de la figura simbólica de Michael Bloomberg, ex alcalde de Nueva York, de perseverar en el cumplimiento de lo previsto, así sea sin la colaboración del gobierno federal.

  * Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

** Imagen extraida de: https://www.meteorologiaenred.com/en-que-consiste-el-cambio-climatico.html

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