No excluir a los ciudadanos

El alcalde elegido ayer no la tendrá fácil. Si se cumplió lo previsto en las encuestas, más de dos tercios de los votantes prefirieron opciones distintas a la del elegido. A esta realidad se suma otro aspecto inquietante. Según el programa Cali Cómo Vamos, siete de cada diez caleños no se involucran en actividades colectivas, asociaciones, grupos cívicos u organizaciones orientadas a promover el bien general. En otras palabras en nuestra ciudad se registra deterioro del capital social, entendido este como la capacidad que tienen los integrantes de un núcleo humano para construir relaciones de confianza y trabajar unidos.

La realidad descrita contrasta con los procesos de transformación acontecidos en muchas ciudades del mundo incluyendo algunas colombianas, donde la participación organizada y convergente de los habitantes ha sido crucial para lograr los cambios positivos. Esta es una cualidad que en Cali tuvimos y perdimos. Aquí comités y asociaciones de ciudadanos lograron la sede de los Juegos Panamericanos; la creación del Departamento del Valle; la conformación de la Cámara de Comercio; la construcción del acueducto, la primera planta eléctrica, la carretera al mar y sigue un largo etcétera.

La pérdida de asociatividad local tiene que ver sin duda con las señales negativas emitidas desde el municipio, nuestro Estado local. La elección de alcaldes impuso el imperio de las maquinarias electoreras. Ciertos alcaldes llegan a pagar favores a los gamonales y lo hacen entregando cuotas burocráticas, permitiendo que personas sin vocación de servicio asuman responsabilidades públicas. Se explica así que esta clase de funcionarios considere estorbo, menosprecie y tienda a excluir a los ciudadanos.

El resultado se encuentra a la vista, es apatía e indiferencia por parte de esos mismos ciudadanos. Como bien lo señala Lina Martínez, directora del observatorio Polis perteneciente a la Universidad Icesi, la participación en comunidades, asociaciones y en las votaciones son procesos de construcción del colectivo político. En una sociedad donde tenemos niveles de desconfianza tan altos con el gobierno en este tipo de cosas, el desinterés se presenta con bastante frecuencia. Esto porque no creemos ni en el proceso ni en la honestidad de los políticos que nos gobiernan. Entonces la gente dice “yo participo, pero, ¿para qué participo si lo que voy a decir respecto a los procesos que quiero construir no va a ser tenido en cuenta? Simplemente eso va a quedar en manos de políticos corruptos y yo no voy a tener ningún tipo de incidencia”, concluye la académica.

El nuevo gobierno tendrá que adelantar la elaboración del Plan de Desarrollo y la revisión del POT. El cambio del POT tiene varias justificaciones pero me refiero a dos. La primera es la necesidad de alinear tal instrumento con la organización y funcionamiento del nuevo distrito especial. La otra es la urgencia de introducir una regulación adecuada para las zonas suburbanas, facilitando su incorporación organizada y ambientalmente amigable a la ciudad. Esta es la vía para contrarrestar las invasiones criminales, generar vivienda social digna y valorizar el patrimonio catastral del municipio.

Ojalá la nueva administración al afrontar estas materias lo haga con una disposición sincera de convocar, escuchar y tener en cuenta a los ciudadanos.

Imagen: https://bit.ly/2pneaBW

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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