No al radio periodismo sesgado

En el complejo contexto de Colombia los medios radiales han jugado un papel necesario: investigar y exponer entuertos; denunciar triquiñuelas; presionar a los organismos investigadores para que actúen con diligencia; invocar la protección de las víctimas y los vulnerables.

Sin embargo, con el paso del tiempo esa contribución se está desnaturalizando. En las emisiones nacionales de ciertos programas los equipos periodísticos se han convertido en verdaderos tribunales. Se creen dueños del derecho a juzgar dictando sentencias inapelables, dañando reputaciones, convirtiendo a sus entrevistados en peleles acezantes.

No voy a generalizar porque existen respetables excepciones, pero son muchos los oficiantes radiales quienes llegan a actuar como inquisidores intocables, y lo hacen ignorando que carecen de autoridad moral porque ellos mismos no están libres de mácula o impedimentos. A unos los mueven la ideología y los compromisos políticos; a otros los inspiran intereses económicos y la obsesión por el rating. No son pocos los facilistas, los que sin conocer a fondo los temas se especializan en montar radiocircos judiciales para satisfacer su ego.

Ese irrespeto con la audiencia tiene manifestación especial en algunos de los noticieros nacionales. Son espacios que no presentan la información de manera imparcial, sino que exponen una visión particular de los acontecimientos. Los datos se envuelven en pre conceptos y sesgos. La separación entre el reino de la noticia que es fáctico, objetivo, y el de la opinión en el cual imperan las perspectivas personales, lo subjetivo, se está derrumbando. De paso queda comprometida la posibilidad de acceder a la verdad de los hechos.

Con pena debo decir que este sistema pareciera estar infectando al noticiero nacional emitido por Caracol Radio al medio día. Lo digo con pena porque Caracol cuenta con periodistas llenos de méritos. Pero algo inexplicable sucede allí, el espacio radial aludido ha ido cambiando su enfoque, ahora es común que las informaciones vengan contaminadas de opiniones personales no exentas de carga ideológica.

Para no equivocarme revisé emisiones recientes del informativo encontrando ciertos aspectos inquietantes. Lo usual es que las noticias aparezcan adobadas con críticas sistemáticas al Estado, las instituciones y el gobierno. Luego aparecen testimonios como el del senador Iván Cepeda y sus copartidarios, a quienes acuden para refrendar la opinión del propio medio. El cuadro queda completo en los espacios publicitarios que exaltan los ‘logros’ de Fecode, alma del paro nacional.

El mes pasado una ministra salió con expresiones desafortunadas relativizando el asesinato de líderes sociales, y el noticiero dedicó a sus palabras cinco sonoros adjetivos calificándolas de indignantes, incomprensibles, dolorosas, insensatas y complicadas. ¿Tratándose de un noticiero no habría sido más respetuoso con los oyentes presentar los hechos dejando que fueran ellos quienes sacaran sus propias conclusiones?

El asunto de fondo es que no quisiera ver a Caracol Radio con su gran tradición profesional trasladado al reino de la polarización exaltada, emulando desde otra orilla ideológica con aquella ínsula de la inquina que es el programa de Fernando Londoño Hoyos. Esa es la clase de periodismo que hace daño y que este país no necesita.

Imagen: https://bit.ly/2ytYaCu

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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