Navidad

«El pesebre en su conjunto simboliza el nacimiento a la vida y la naturaleza que la alberga y anima.»

El tiempo en que la tradición cristiana celebra la navidad tiene una connotación cósmica al coincidir con el ciclo anual del incremento de la luz del sol que sigue al solsticio de invierno, en el hemisferio norte de la tierra. Este fenómeno de la naturaleza se ha considerado desde épocas antiguas como un tiempo de renacimiento y festejo, al cual se asoció la celebración del nacimiento de Jesús de Nazareth entre los cristianos.  A ello se suma la estrella que guía a los Reyes Magos hasta detener su luz en Belén.

Puede pensarse que en armonía con los astros hay un mandato natural que mueve a los pueblos en todas las latitudes o culturas, a designar un tiempo del año para renovar su espíritu y crear la ilusión de un nuevo comienzo. Así, año a año perdura la esperanza en las tradiciones y ritos, dejando una huella indeleble en las sucesivas generaciones. En torno al acontecimiento se despliegan los preparativos y el festejo impregnado de elementos y aromas únicos para la ocasión, en lo cual se comprometen a fondo los hogares con sus mejores viandas y deseos.

El árbol de navidad y el pesebre históricamente rinden homenaje a la natividad. Común a ellos es además del motivo que los inspira, su contacto con lo original y simple de la naturaleza para gozo de la infancia especialmente. El árbol de navidad de amplia tradición en las culturas europeas se origina cuando San Bonifacio (n.680), según cuentan, introdujo el abeto por primera vez a los hogares, por sus hojas siempre verdes como signo de vida sin fin, para reunirse a su alrededor a celebrar el nacimiento del Salvador.

Ya en la edad media se elaboran pesebres con figuras que representan a la Virgen María y a San José, al Niño nacido en un establo, al buey y la mula y a los pastores de Belén que vienen a adorarlo. En el año 1223 San Francisco de Asís escenificó el nacimiento del niño Jesús en una cueva de una pequeña población de Italia  con campesinos del lugar. Así lo narra Emilia Pardo Bazán en su biografía sobre San Francisco de Asís (siglo XIII):  “ (..) en aquella misa  celebrada a media noche, sirviendo de altar un pesebre, de presbiterio una gruta, de nave del templo la vasta montaña, de cúpula la bóveda azul del firmamento, a cuyas titiladoras estrellas eclipsaba la luz de los hachones llevados por innumerable pueblo que acudía de las campiñas próximas, como los pastores de Judea acudieron al portal a adorar a Jesucristo niño y desnudo; en aquel solemne drama, quiso Francisco que no faltase actor alguno, y colocó a los lados del altar el manso buey y la fuerte mula, y una vez más, al alzarse la sacrosanta hostia, reposó el divino Infante sobre la paja del pienso, entre los dos animales que velaron su primer sueño en la tierra. Así era Francisco, convidada la naturaleza a la fiesta de nuestra redención..” p315

El pesebre es un bello escenario para el reencuentro con los caminos que llevan al nacimiento, con el puente de piedra, los peces en el río, los rebaños del monte, el desierto, el nevado y la estrella de Belén. El pesebre representa también la comunión con la naturaleza y los animales para dar mensaje de sencillez y convivencia. Ningún otro lugar distinto a un pesebre, podría haber tenido mayor significación al condensar éste un mundo perfecto para dar cobijo a una familia y recibir su niño en paz y armonía.

El pesebre en su conjunto simboliza el nacimiento a la vida y la naturaleza que la alberga y anima. Al árbol de navidad y al pesebre debemos volver los ojos para conservar la esperanza y no perder aquel mundo que hoy se encuentra amenazado por el consumismo y el deterioro del medio ambiente entre otros factores. Sin duda, el Papa Francisco ha estado a la altura de la reciente conciencia ambiental y ha terciado en defensa de la naturaleza y la vida animal. La carta encíclica “Laudato sí” es el mensaje del Papa Francisco dirigido a todas las personas del mundo, sobre la Creación y cuidado de este planeta, la casa común; el nombre de su carta alude al Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís: “Alabado, seas mi señor, por la hermana, nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y nos gobierna y produce diversos frutos con  coloridas flores y hierbas”.

Referencia

Doña Emilia Pardo Bazán, San Francisco de Asís. (Siglo XIII), con prólogo de D. Marcelino Menéndez y Pelayo de la Real Academia Española. Paris, Librería de Garnier Hermanos. Cuarta Edición, 1890.

Imagen: https://bit.ly/36DLG72

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