Morir en una patineta

Para decir verdad, sentí cierta emoción cuando las encontré agrupadas en varios sitios de la ciudad. Pensé que Cali estaba entrando en la onda de las grandes urbes extranjeras donde se autoriza el uso de la patineta o mono patín eléctrico bajo  regulaciones estrictas.

A pesar de aquellos pensamientos positivos pronto me topé con la realidad. En un anochecer de la semana pasada y mientras conducía por la avenida sexta frente a Chipichape, fui sobrepasado por un joven que zigzagueaba en patineta de alquiler entre los automotores. El personaje carecía de casco y pese a la oscuridad, de cualquier dispositivo luminoso o reflectivo.

Con el tiempo mi alarma ha crecido. En una jornada posterior fueron tres los “patinautas” que mariposeban entre los vehículos, sin que dieran signos de prestar atención a las complejas condiciones de nuestra movilidad. Más aún, han aparecido grupos o “parches” de familia con infantes incluidos, que aprovechan el monopatín para darse un “borondo” o paseo, en medio del tráfago de las  vías principales. Siendo las cosas así, se llega a la conclusión de que es necesario empezar por el principio al dar cabida a estos aparatos recreativos ahora convertidos en medio de transporte.

Todo indica que en las distintas ciudades del país el emprendimiento de las patinetas alquiladas no se ha estudiado por las autoridades, y su operación se ha dejado al libre criterio de empresarios que tienen carta blanca para funcionar. La razón de este proceder sería la ausencia de una reglamentación nacional aplicable.

El asunto  es que tal vacío no exime a los gobiernos locales de regular la materia. Para comenzar el uso indiscriminado del monopatín en vías públicas y aceras le genera riesgos  graves al conductor del aparato, a los peatones, ciclistas, y demás usuarios de las rutas. Aquí aparece una responsabilidad por omisión de los municipios que puede llegar a ser multimillonaria, comprometiendo incluso en lo personal a los funcionarios que no se ocupen del tema.  Y es que hay aspectos de envergadura que requieren regulación. Tal sucede con lo referente a procedimientos de operación, protección física de quienes conducen, vías y trayectos autorizados, seguros exigibles, manejo de espacios compartidos con peatones, ciclistas y otros vehículos, etc.

Surge aquí otro elemento y es del uso de vías, andenes y veredas con fines de lucro por los particulares. El arriendo de las patinetas produce ingresos mediante la utilización del espacio público, nuestro principal patrimonio colectivo.  Por eso la iniciativa debe estar precedida de trámites de contratación adecuados los cuales garanticen una participación económica razonable a las ciudades. La falta de esta claridad daría motivo para invocar algún detrimento patrimonial, esto sin perjuicio de la aplicación del Código de Policía en lo referido a la ocupación ilegítima del espacio público.

Con todo, como se dijo atrás, la introducción del monopatín en la vida urbana puede tener aspectos positivos y no se trata de llamar a su eliminación. La cuestión es que estamos frente a un tema relevante en el que no cabe la improvisación. Debe estar precedido de estudios serios y regulaciones prudentes. Que la invitación de los promotores del negocio  a los usuarios sea a disfrutar y a hacer grata la vida, no a encontrar la muerte en una patineta.

Fuente imagen: https://bit.ly/2Ur4j8I

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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